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 Dos demonios son peores que uno [Eva Black]

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AutorMensaje
Dante Drachenbläut
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Mensajes : 31
Fecha de inscripción : 12/07/2013

MensajeTema: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Miér Jul 31, 2013 5:51 am

El sol moría entre las entrañas de ese mar de hormigón y neones extravagantes, sonde el juego y la ostentación reinaban en un lugar bullibioso dentro de un yermo desierto. La luna se mostraba como único habitante en el cielo de Las Vegas por culpa de la contaminación lumínica, que eclipsaba el brillo de las demás estrellas.

Reconozco que es la única cosa que odio de las ciudades, el no poder observar las estrellas. Como cada vez que el sol se iba dando paso a la oscuridad, yo empezaba por así decirlo, mi "jornada laboral". Había llegado recientemente a Las Vegas por la gran cantidad de dinero que se mueve por allí, necesitaba un trabajo y seguro que algún dueño de un casino lujoso o algún importante empresario requería de los servicios de alguien que se dedicase a eliminar la basura de por medio, entendiéndose por tal término un moroso, un rival en los negocios, el amante de una esposa infiel o incluso el desagradable novio de sus hijas.

Abrí la puerta de mi caótico cuarto, que contenía un mobiliario acorde a su función comprado por catálogo a Ikea, como el del resto de la casa, a excepción de un pequeño televisor que llevaba conectada una Play Station y un ordenador portátil Toshiba de color rojo puestos en el escritorio. Salí a la cocina aún vestido pobremente con un pantalón corto negro de hacer deporte que empleaba como pijama para sacar del frigorífico mi cena de hoy, la mitad de una pizza fría que había encargado el día anterior debido a mi falta de ganas de cocinar aquel día.

En los anteriores días no me había puesto en buscar empleo pero hoy ya sí que me pondría en serio. Tras haber cenado las sobras tiré la fría caja de cartón blanco y verde al cubo de la basura provocando que la caja sobresaliera del interior pudiéndose apreciar las esquinas.

Lo siguiente que hice fue adecentarme un poco dándome una rápida pero relajante ducha. Visto por el lado positivo me gustaba el ático que había comprado recientemente. Esos masones conservadores me pagaron muy bien por asesinar aquel político con doble vida. Unos instantes después de la ducha salí con mi cuerpo ya seco y vestido con una camiseta de Metallica con un chaleco negro y muy desgastado adornado con algunas cadenitas de metal dentro del cual llevaba ocultas un par de Magnun de calibre 44 con el silenciador ya puesto, un par de pulseras de pinchos, unas converse negras y unos pantalones vaqueros desgastados al aparcamiento situado debajo del edificio buscando mi preciada moto, una Harley Davidson negra que era mi pequeño gran orgullo.

Mi bebé:
 

Introduje la pequeña llave de acero dentro de la ranura, obteniendo como respuesta un suave ronroneo por parte del vehículo, que poco después fue arrancado por mi mano y empleado para salir de esa estancia subterránea por la que mis pasos resonaban saliendo a las bulliciosas y calurosas calles alumbradas con carteles de neón de todas formas y colores existentes que deslumbraban la vista de los peatones, siendo la mayoría de estos casinos y locales de alterne donde la gente gastaba el preciado dinero en alcohol, juego y mujeres.

Hace unos siglos, cuando yo era ángel hubiese sentido pena por ellos y quizás hasta me preocuparía por salvarlos. En cambio ahora, exacerbaba su afán por el dinero, sus ambiciones, les quería llevar a desear más para condenarles a su perdición, a que me entregasen sus valiosas almas o a que se convirtiesen en otro habitante de los infiernos como lo era yo.

Deambulé por la carretera de la ciudad hasta llegar a un local que por el aura que emanaba me resultó curioso. Primaban en él los colores negro, blanco y rojo y en un cartel luminoso tenía escrito la palabra "Limbo". Percibía bastantes auras, tanto angélicas como demoníacas. Sonreí ladeadamente y aparqué y le pedí al muchacho que atendía el aparcamiento que aparcase a mi pequeña.

El portero del bar me dejó entrar inmediatamente solo con observarme. Seguro que ya había percibido que era un demonio nada más llegar. El interior del local estaba decorado con un frío estilo moderno y minimalista sacado de las mejores revistas de diseño y que a la legua se notaba que lo había decorado un buen decorador y que el dueño del negocio era una persona que manejaba gran cantidad de dinero. Aún así, estaba poco poblado de gente, tal vez porque era miércoles, o tal vez porque ese era un día normal. Me acerqué a la barra, donde una atractiva camarera de largos cabellos castaño oscuro y una mirada chocolate atendía algo hastiada porque todos los hombres le coqueteasen descaradamente o mirasen su prominente busto. La llamé asomándome al otro lado de la barra.

-Una del mejor whisky que tengáis con dos hielos, por favor- Pedí educadamente, modulando bien mi voz y con una sonrisa leve pero seductora para muchas mujeres y también hombres. La chica se giró moviendo su larga melena buscando una botella y para servirme
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Eva Black
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Fecha de inscripción : 30/06/2013

MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Miér Jul 31, 2013 11:10 am

Cuando el joven entró, Eva yacia serena y complacida, vestida en irónicos blancos en traje de chaqueta, saboreando la amargura exquisita de su copa, contemplando la pugna de burbujas en el mar de champagne.

Dorado, como el poder. Evocadoramente deslumbrante. Y breve. Porque el sabor del lujo muere deprisa una vez saboreado. Es parte del manjar, saber que acaba. Que puedes repetirlo, sin importar el precio.

Mirando alrededor, Eva era dueña de sí misma, de todos los espacios, de muchos pensamientos y miradas. Sí. Ella era Serenade, contando cuentos a su rey hasta embaucar su alma, hasta poderlo traicionar con sus caricias, muertas y fingidas. Reina de Java, permitía a sus pupilas vagar sin rumbo fijo, observándolo todo.

Cada esquina del Limbo era un canto a sí misma. Los colores y formas, el ritmo de la música, la luz en los espejos, reflejada y confusa. Los olores, los cuerpos, los diálogos errantes, el alcohol y el sudor, los corazones rotos.

Navegó cada zona, recreándose. Se posó en cada rostro, en cada alma, sin saber si buscaba o huía, si deseaba encontrar o ya no recordaba. Si entre la multitud alguien la conocía. Conectaba... Era capaz de oírla.

Pero el silencio llega a ensordecer bajo los decibelios del exceso.

Y allí, en la barra, entre la multitud, un nuevo rostro. Un nuevo aura. Interesante... Se incorporó, tranquila, meciendo el caoba oscuro de sus ojos por el cuerpo del "joven" invitado. Rasgos suaves, cuerpo bien formado, seguridad en su postura.

Incrementó su oído, uniendo las palabras al gesto de sus labios. Después sonrió. Seguridad también en alta voz. Alisó dulcemente, concienzuda, la tela de su traje y su camisa. Demasiado perfecto, impersonal, estrecho. Pulcro y sarcástico, vistiendo sus dilemas.

Con paso firme y femenino, contoneando sus caderas como si siempre hubiera andado así y no fuera un hábito reciente, llegó hasta él sin cruzar su mirada. Acercándose metro a metro, invadiendo su espacio, mientras su instinto, primitivo, alejaba a los otros, en silencio. Se formó un corro, Eva en su centro, al lado de aquel joven visitante.

- Bienvenido a Las Vegas.


Su voz sonó suave, casi rasgada, casi aire, como el susurro que se enuncia sin rozarse, que otros pueden oír aunque no sean los dueños del mensaje.

No quiso darle tregua, ni siquiera un segundo para posicionarse. Chocó su copa, decidida, forzando un brindis con el joven. Ella era Eva. Esto era el Limbo. Sus reglas. Su sitio. Su casa.

- Mi nombre es Eva. Y tú eres nuevo por aquí.

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Dante Drachenbläut
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Fecha de inscripción : 12/07/2013

MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Miér Jul 31, 2013 11:45 am

Observaba cómo giraban dentro del vaso el dúo de hielos, como si un torbellino en medio del océano de ámbar etílico en el que estaban los hubiese atrapado entre sus fauces justo cunado acababa de haberle dado un trago. No me había fijado, abstraído como estaba en mis propias ambiciones y pensamientos, en que un séquito se había acercado hacia mi hasta el momento en que una alargada copa del más fino cristal, que albergaba un líquido que a mi siempre me ha recordado al oro hirviendo, chocó contra mi vaso más grueso y frío.

Solo tuve que ladear mi cuello para ver a una mujer más mayor que yo, vestida de punta en blanco en el sentido literal de la palabra, pues hasta sus ropas eran así, sentada al lado mío y rodeada de un grupo de gente como si ella fuera el Astro Rey del lugar y el resto fuesen simples planetas y otros cuerpos celestes que giraban describiendo órbitas a su alrededor. Sonreí ladeadamente, por lo visto había tenido suerte y esa mujer podría hasta ser una cliente potencial de mis servicios de "recogida de basura".

Por lo visto además de importante, la mujer de blanco era adivina. O al menos eso se creía hacer saber por cómo hablaba. Estreché su mano con una fría cortesía aprendida por mi trabajo antes de presentarme.

-Gracias, Eva. Me llamo Dante. Un placer en conocerla- Esto último iba con un deje de galantería que solía gustar a las mujeres, o al menos, las humanas. Claro que por el aura poderosa que manaba del cuerpo de aquella dama, humana no era. Jugaría cualquier parte de mi cuerpo y todas mis armas y las ganaría a que esa mujer era una caída como lo soy yo.

Miré suspicazmente al séquito que la acompañaba. Definitivamente era importante, porque entre su corte no solo había demonios y humanos, más que seguro tentados y a punto de ser corrompidos hasta la máxima potencia. ¡Incluso había alguno de esos pobres y tiernos angelitos a los cuales ahora despreciaba a pesar de haber sido antaño miembro de sus coros celestiales!.

Me entraron muchas ganas de reír, creedme que sí, pero tenía que contenerme para causar una buena impresión en público a pesar de mi aspecto de matón en comparación a cómo iban de elegantes el resto de gente en el local.

Me acabé el ámbar líquido de un trago, notando cómo el fuego que residía en el alcohol bajaba por mi garganta como si hubiese ingerido el hálito de un dragón. Quería conversar algo más cómodo con ella.

-¿Es usted asidua de este local?- Pregunté casualmente observando el vaso vacío a excepción de los cubitos de hielo ya redondeados por el efecto de la temperatura que los fundía y de las gotas de whisky que quedaban manchando el vaso
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Jue Ago 01, 2013 6:29 am

A Eva le gustaba mirar a los ojos. A pesar de que sus motivos eran otros ahora, aún estaba de acuerdo con esa frase hecha, simple y llana, popular pero cierta. "Son los ojos del alma". Antes, Eva creía que unos ojos mostraban claramente propósito de enmienda, cambios y voluntades, tal vez incluso la indemostrable fe, el amor, verdades y promesas. Casi río ante el mero recuerdo. Ilusa. Lo que un iris mostraba, rodeando las pupilas, eran tan sólo huellas. ¿Qué habían hecho? ¿Quíenes eran? Y sobre todo, algo que ahora, en esos ojos pardos percibía claramente. ¿Qué querían?

El Daemon frente a ella quería un trozo del mundo. Como todos. Seguro, confiado, sin rastro del cohibido rubor que acostumbraba a provocar en los mortales y en muchos de los Ángeles. Oh, ventajas de su turbio pasado.

Aceptó cortesmente el educado gesto de ese joven, apreciando también la ironía de un respeto que no era merecido de antemano. O tal vez sí. Eva nunca olvidaba que el Limbo era su reino.

Delicadamente extinguió su contacto, deliberadamente breve. La piel desnuda entre sus dedos resultaba molesta. Indeseada. Al menos, de momento.

No dejó de mirarle, prendida en esos ojos caoba, jugando a adivinar, sin temor a adentrarse, a equivocar la moraleja que leía en su mirada.

Había pasión. Oscuridad, sin duda. Pero más y más dentro... Esa expresión, ausente, fría. Como si interpretara de algún modo. Como ella. Ladeó su rostro, sorprendida por el desliz tan personal en esa idea, equivocada, claramente.

Porque Eva no estaba fingiendo. Eva era así. Una vívora negra dentro de un blanco traje de Gaultier.

- Unos modales exquisitos en tu generación, Dante. Diría que eres demasiado joven y atractivo para tutearme, pero quién sabe. Las apariencias engañan.


Sonrió, sibilina, apoyando casualmente el codo sobre el satinado negro de la barra, disfrutando el constraste. Blanco y negro, como todo en su vida, radicalmente opuesto y enfrentado.

Bebió un último sorbo y dejó la copa, ahora tristemente vacía, observando a Dante y a cada gesto. Tomando nota, pendiente en los detalles. Puede que con el tiempo fuera capaz de ver una rutina en su expresión, ser capaz de leerle en el silencio, si llegaba a no ser sólo ese desconocido frente a ella, acabando su whisky.

Disfrutó su pregunta y el hábito que lentamente, se instalaba entre ellos, posando entre sus labios las preguntas de siempre. Las almas trascendían, pero las mentes no, atrapadas en un cuerpo atrapado, un éxtasis estático.

Asintió , ofreciendo primero esa muda respuesta, preliminar de muchas otras. De otras tantas preguntas.

- ¿Te gusta lo que ves?


Jugó con las palabras en su boca, enfatizando su mensaje con sus manos, que ofrecían el local alrededor, como un niño que siente que la hierba del parque también le pertenece.

Era evidente que se incluía "en el lote", porque realmente no habría un Limbo sin Eva. No habría un Eva sin Limbo. Eran un pack, un binomio perfecto, en la neutralidad quebrada que quería preservar, guardando los pedazos con esmero.

Después, sonriendo con complicidad, buscó la mirada de Dante y la condujo de nuevo hasta la barra, indicándole con presunción, guiándole con una de sus cejas, delatora y traviesa. La camarera se acercó apenas en segundos, adoctrinada, impresionada, solícita.

Un sólo gesto en su cabeza, sutil, ladeándola, y llenó nuevamente sus copas sin preguntas, con la sonrisa tímida y la mirada gacha de un empleado que ama su trabajo pero teme a su jefe.

- ¿Es éso una respuesta para ti?
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Dante Drachenbläut
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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Jue Ago 01, 2013 8:34 am

Nuestras miradas, casi del mismo color pero no reflejaban lo mismo, se cruzaron. Mi mirada de color nocturno la analizaba con frialdad, actuando de escaner en busca de debilidades, fallos en esa mujer, alguna grieta.

Pero claro que no me hallaba ante una mortal. La mujer con la que me había topado era una mujer cruel, decidida, sin corazón. Un tiburón que gobernaba en los mares de Las Vegas, siempre atrayendo a su séquito, segura y decidida, y sin trampa ni cartón.

Mi instinto demoniaco o mi capacidad analítica ya innata me decían muchas cosas de ella. Una mujer fría y analítica como yo, con un orgullo muy grande, con carácter, decidida y segura. La mujer que te imaginarías como la importante ejecutiva que es la jefa de ti, el chupatintas que rellena informes y lleva las cuentas, o de ti, la becaria que se encarga de traerle el capuccino de la cafetería en un vaso sintético de color pardo con granos de café dibujados en él, a la cual le suplicarías lo que te hiciese falta por permitirte conseguir un puesto, teniendo que lamerle las botas y hacer todo su trabajo, coger su teléfono, actualizar su agenda, a llevar en secreto su affair con su apuesto amante, probablemente muchos años más joven que ella.

No hacía falta más que ver su gesto en el rostro y su traje blanco de diseño francés para darse cuenta de que había dado en el clavo.

Su comentario me hizo saber que ella también me había calado, que sabía que yo también era un habitante del Tártaro como ella, que teníamos el mismo jefe representado como si fuese un temible fauno de la mitología griega pero con la piel roja como el magma que mana de un volcán en erupción. Un leve "¡ja!", amenazó con salir mis labios, pero mis reglas me obligaban a comportarme como alguien más serio y menos desenfadado delante de los posibles contratantes.

-Usted misma parece saberlo mejor que nadie, Eva, ¿no es así? Las apariencias engañan. Un joven de mi edad puede ser más resabiado que un hombre que me duplique mi edad, o al menos eso me ha demostrado la experiencia- Repliqué con la misma sonrisa que ella tenía dibujada en el rostro y la misma que el demonio que me hizo caer tenía. Esa sonrisa malévola tan característica de la que habíamos hecho acopio desde los albores de los tiempos.

Alcé una ceja cuando me realizó esa pregunta, algo presuntuosa por le tono con el que lo decía como dando a entender que era la dueña de la creación, del mundo. Como si este "Limbo" hubiese nacido de su seno.

De nuevo la misma sonrisa adornando los labios de esa mujer unos cuantos años mayor que yo adornando su rostro, haciéndome posar mi mirada en la camarera vestida con su ajustado uniforme negro, aquella de prominente busto y larga melena que me acababa de servir, volviendo a rellenar el vaso con el ámbar líquido importado de Escocia y la fina y alargada copa con el hirviente oro sacado de la uva francesa con la actitud sumisa de un perro adiestrado a la perfección para traerle el periódico y las zapatillas a su preciado amo a cambio de un hueso que morder, dando la respuesta que ya había intuido.

Ella aquí era Dios en los cielos, era el Lucifer de este pequeño infierno, era el Sol sobre el que giraba este Sistema Solar. Solté una silente risa, breve como lo era el brillo del relámpago cayendo en la superficie de la Tierra.

-Si me permite, tiene usted un gusto tan exquisito como su dueña. ¿Lo ha decorado usted?- El peloteo descarado podía sobrar un poco, pero a esa clase de mujeres le encantaba que le subiesen el ego, amaba el melódico canto de una alabanza salida de labios ajenos. No obstante, no pecaba de pelota halagando la exquisita decoración del local, con esos muebles de diseño fríos, modermos, minimalistas e impersonales, pura banalidad y apariencia como lo era la propia ciudad.
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Jue Ago 01, 2013 11:36 pm

El "jovencito" sabía jugar. Bien. Un Daemon sin arte en el flirteo era  aburrido doblemente. Debía presentarse, era parte del protocolo, de sus deberes como dueña, reina, del Limbo. Pero tenía muy claro que aunque sabía disfrutar de los desconocidos y su llegada extravagante añadiendo al menú sabores nuevos, diferentes, sólo los humanos parecían atraerla. Sólo esa posibilidad entre sus dedos, tirando de sus hilos, haciéndolos caer.

Eva disfrutaba engañándolos. Llegando a conocerlos. Adentrándose en ellos, comprendiéndolos. Amaba todo el juego previo, acecharlos, descubrir sus rutinas y sus vicios. Alimentarlos muy despacio, en confianza, hasta verlos destruídos, ya sin autocontrol.

Oh, los mortales. Tan frágiles y rotos, tan llenos de deseos. No era difícil, no realmente, tentarlos era parte de su propio carácter, de esa decisión férrea que había hecho de su orden una hoguera caótica. Eva ahora estaba ardiendo. Llevaba ardiendo días, ardiendo meses. Y no tenía intenciones de apagarse.

Un gesto en su mirada exigió intimidad al corro de curiosos que rodeaban su cuerpo y su invitado, como un coro de voces con un único salmo. Se retiraron, sin saber cómo o entender los porqués, perdiendo el interés. Entre todos sus dones encontraba su Anonimato terriblemente interesante y divertido, usándolo en momentos como éste poniendo a prueba sus poderes y su efecto, sintiéndose una Diosa.

Podía jugar con ellos, como peces, perdidos en sus redes sin saberlo, en un mar de pecados.

Envuelta en ese íntimo halo, dejó brotar su voz, desenfadada. Con las burbujas encerradas en cristal en sus dedos y el afilado cuarzo en su sonrisa entre los labios.

- Un cumplido muy fácil, joven Dante. Pero en efecto, yo he decorado el Limbo. Debería ser así, ¿no cree? Una reina debe elegir cada detalle en su castillo. Deseaba un tablero adecuado. ¿Le gusta el ajedrez? ¿Qué ficha sería usted? ¿Blancas o negras?


Le estaba preguntando. No daba nada por sentado. Ya no. Sabía que los puñales te atraviesan. Lo había probado. Pero la muerte duele menos que los cambios. Y ya no amaba las sorpresas.

Rió, con esa carcajada femenina y rasgada, que sensualmente habla de pérdidas. De uñas clavadas en la espalda, de traiciones muy dentro, perfectas, como la espina de una rosa rojiza y sangrienta, haciéndote sufrir.

Eva era así. Era la espina, jugando a ser la rosa. Una hiedra salvaje cubriendo su pasado, la Mansión Encantada que esconde tus terrores, bajo llave. El fantasma perpetuo que saluda en tu espejo. Todos los pude y sí lo hice. Sin arrepentimientos.

- Yo he jugado a ambos lados del tablero. Pero creo que las negras siempre ganan... Y he cambiado de bando. Vestir el negro ofrece muchas libertades. ¿No cree?


Había duda en su voz, intriga claramente compartida, sin tapujos. Había encontrado algo en esos ojos, ahora oscuros, tal vez antaño esperanzados y castaños. Como lo habían sido los suyos. Erroneamente.
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Dante Drachenbläut
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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Dom Ago 04, 2013 5:26 am

Observaba cómo poco a poco iban abandonándonos la corte, dejándonos solos a la emperatriz del lugar y a mi, el nuevo, la Mano Negra que se encarga de llevar a cabo todo aquello que no debe salir a la luz, en dejar todo lo turbio oculto bajo la alfombra, impidiendo la visualización de la molesta suciedad que se interponía en el camino de mis contratantes.

Mi mano sujetó de nuevo el vaso de cristal, de nuevo conteniendo esa embriagadora miel, escuchando a mi interlocutora vanagloriándose de ser la reina del lugar, del castillo que ella misma había levantado con el sudor de su bolsillo y el de la frente de los obreros. Sus palabras adornadas con una muy bien cuidada retórica me hacían alabarla por su discreción pero a la vez me crispaban.

Soy un hombre que siempre va al grano, simple y directo como la trayectoria de una bala al ser disparada por un cañón, desplazándose en línea recta hasta acabar impactando en el cuerpo del objetivo segando su vida, llevándome el trigo de su existencia para hacer mi pan

Esbocé una pequeña sonrisa torcida antes de dar un trago a esa miel de fuego, que aumentaba ligeramente mi temperatura corporal, haciendo que internamente agradeciese la climatización del local.

La cantante por fin había llegado, cambiando la fría y moderna música comercial que ambientaba el local por una más natural, sacada de sus cuerdas vocales de sirena vestida con un manto de olas turquesa de lentejuelas, completando la cola de su vestido con unos zapatos de tacón de aguja a juego, empezando a cantar canciones de hace décadas, épocas en las que aún la inmensa mayoría de los presentes no habían ni siquiera nacido. A excepción de mi y probablemente mi interlocutora. Probablemente ella fuese tanto o más longeva que yo.

-No soy muy aficionado a jugar al ajedrez, Eva. Digamos que soy más un hombre de acción- Prefería capturar víctimas en vez de fichas monocromas de blanco o negro-Así que respecto a qué ficha sería, digamos que prefiero seguir mi propio camino, y eso solo se puede lograr siendo el halcón y no la blanca paloma- Di otro sorbo a mi bebida reflexionando en lo que había dicho. Siendo un ser de blancas alas estabas sujeto a toda esa larga lista de normas éticas y morales que debías seguir como un dogma, impuestas desde el momento en que ganaste las alas de color blanco puro obligándote a ser recto y con valores.

Todo eso desaparecía cuando eras un caído, cuando tus alas se volvían de oscuridad pura, cuando te dedicabas a hacer que los humanos dejasen de ser humanos haciendo aflorar sus pulsiones internas, a desatar sus instintos liberándolos de su cárcel.

-Digamos que yo también he estado en ambos lados de la moneda, Eva. Le doy la razón. Esto es la vida real y aquí es el dragón el que se queda a la princesa y la bruja la que se sale con la suya. Ningún príncipe encantado de brillante armadura y blanco corcel es capaz de triunfar. O comes, o te comen.- Concedí con voz pausada y neutra, carente de emoción en ella.

-El negro suele estilizar más- Comenté reforzando nuestros argumentos aún más
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Lun Ago 05, 2013 5:48 am

Eva sonreía, siguiendo aquella voz y esas palabras, que entendían. Que sabían. Era refrescante un verdadero diálogo. Sí, la retórica ocultaba parte de esas verdades necesarias y en crudo, que sabía disfrutar llegado el momento adecuado... pero debajo, el mensaje era limpio, claro. Nítido. Y Dante comprendía, siguiendo el juego y las metáforas.

Un joven educado, interesante, que era capaz de conversar a pesar de "preferir la acción", tal como comentaba. Eso era nuevo. Un rostro necesario en ese mar de anónimos. Eva bebió, escuchando, envuelta en ese velo íntimo y compartido, que ahora retenía toda su atención. Puede que los Daemon no fueran sus compañeros preferidos, pero sabía admitir cuando valía la pena el interlocutor.

- Veo que tenemos ideas en común, joven Dante. Y escenas de un pasado, remoto. Una grata sorpresa. Bajo la máscara de la primicia no suelo hallar detalles que me resulten atractivos. Usted es la excepción. ¿Desea continuar esta conversación? Le he robado el tiempo suficiente para una presentación satisfactoria, y no osaría interrumpir su diversión siendo un recién llegado. Pero tal vez mi tablero necesite un alfil. Y usted un buen cetrero. ¿Qué me dice?


Mirándole a los ojos, señaló pausadamente hacia los reservados, dejando a las burbujas jugar debajo de su lengua, saboreando esa duda, la inesperada expectación. Libre albedrío... libertad liberada, sólo recientemente. Ah, ahora todo era fortuito. Pequeños guiños negros del Destino, que jugaba de un modo diferente cuando perdías las alas. El bien es predecible, severo, solemne. Sobrio. Aburrido. El mal en cambio... unge genios creativos, buscando nuevas formas de esmerarse. De innovar formas nuevas de recrear los pecados, tan antiguos como la propia ética. Aún era un reto para Eva, que sólo comenzaba a acostumbrarse a esas cosquillas, dulces, despertando el veneno en sus ideas.

Posó la copa, casi acabada, con el poso de alcohol y promesas que mueren en silencio, sobre la barra satinada, con recelo. Despacio. Muy despacio. Como el gato que mira hacia adelante y a la vez, te está observando, midiendo la distancia, contando tus respiraciones.

Aquella escena iba a variar, de un modo u otro. Lo presentía, producto de ese caos, crepitando entre ellos. Maldad contra maldad. Negro con negro, sumándose, como un agujero que devora el espacio.

Girándose, iniciando el nuevo recorrido insinuado a través de su índice, como un niño que pide, que demanda, que exige. Que deja ver tan claramente lo que quiere.

- Puede ponerme al día sobre sus sueños en Las Vegas. Dicen que aquí, los pecados corrompen. Puede que llegue a sentirse como en casa. Sin duda yo he echado raíces. Me encanta esta ciudad...
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Dante Drachenbläut
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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Jue Ago 08, 2013 10:22 am

Mis oídos escuchaban atentamente la voz de mi interlocutora, dando de vez en cuando sorbos a mi gélido vaso de vidrio importado, haciendo mermar el extraordinario licor criado por décadas para su disfrute.

Mis oídos escuchaban lo que para mi al menos eran halagos. La reina había mostrado interés hacia el recién llegado paladín oscuro al palacio, quería concederle una audiencia en privado y conocerle mejor. La mirada de ónice de la dueña apuntaba a la puerta negra de una sala privada, probablemente para hablar mejor ahí sin las curiosas miradas del resto de clientes del bar hacia su soberana o hacia la carne fresca, o incluso por el coqueteo descarado de la camarera, que me había guiñado disimuladamente el ojo cuando servía una cerveza a un hombre negro a un metro de nosotros.

Asentí levemente, libando de nuevo de esa exquisita ambrosía que se me había ofrecido, extinguiendo el incendio de llamas doradas de ese gélido vaso, posándolo en la barra del color de la noche, dando un billete de veinte dólares a la camarera por el coste de mi bebida, y otro de diez como propina devolviéndole el guiño que me había hecho ella momentos atrás y sumándole una sonrisa algo coqueta, recibiendo como respuesta una leve risilla traviesa en lo que ella ponía una aceituna en un palillo posándola en una copa de Martini que fue servida a la morena de vestido rosa del fondo.

Mi mirada ahora retornaba a la dama vestida de un irónico blanco, levantándome del taburete blanco haciendo un gesto cortés a Eva.

-Hacía tiempo que no gozaba de tan grata compañía Eva- Respondí.- Para mi sería un honor tener una conversación con usted en un sitio más apartado y menos... bullicioso. Tal vez majestad, halláis encontrado al fiel cazador que no os fallará y os traerá en un cofre el corazón de Blancanieves y no el de una cierva- Dije con un tono de voz susurrante como el viento nocturno pero claramente audible. Ofrecí mi brazo caballerosamente para acompañarla al reservado.

En el trayecto que apenas eran diez metros empezaron a saludarla sumisamente algún empleado, algún que otro cliente, todos buscando complacer de cierto modo a su alfa, contentar a la cúspide de esa microsociedad estamental que deificaba a su creadora, que incluso tenía cuadros en blanco y negro de ella decorando alguna de las paredes.

A simple vista para mi, el Limbo era como una prolongación de su cuerpo o un santuario personal dedicado al ángel caído Eva Black.

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MensajeTema: Re: Dos demonios son peores que uno [Eva Black]   Lun Ago 12, 2013 10:54 pm

A veces, los espacios del Limbo se le antojaban nieve. Un lienzo en blanco, puro, neutro, escondiendo la oscuridad de las ideas que reflejan las mentes, formando etéreas manchas. Que aún, no eres capaz de ver. Pero ya existen.

Sonrió, difusa, embriagada por el doble caudal de pensamientos, mientras seguía con gracia la conversación y ese nuevo destino descubierto, y el mismo azar continuo que llamaba rutina en ese nuevo infierno propio, que ahora llamaba hogar.

Qué bellas pueden ser las cárceles. Qué hermosos los barrotes. Qué placer en la herida, una vez aceptada. El escozor que te hace sentir vivo y te recorre a latigazos, dentro. Chispeante. Como la incertidumbre.

Una sola mirada formuló un "sígueme", y la reina del baile se abrió paso ante el mundo, sin corona. Con el tridente entre los labios y el beso envenenado que ahoga la manzana.

Se sentó lentamente, con la elegancia que se aprende año tras año, tratando de empañar ese yo recatado con el desafío en su mirada. Como un gato sin dueño que te enseña las uñas, afiladas, y ronronea coqueto, al mismo tiempo.

El aire era más frío en la zona apartada, con ese ambiente tenue que finge intimidad, dificultando otras miradas. Sintió el peligro, claro, pero no relevante, y aquel escalofrío de pura excitación fue demasiado breve. Cuando eres inmortal nada da miedo. No realmente.

- Por favor, siéntese. Hoy esta reina quiere su corazón en bandeja de plata, y no a una sosa virgen. ¿Qué me dice, joven Dante? ¿Compartirá verdades? No hay nada más adictivo que un secreto. ¿Verdad?


Sonrió, felina y sinuosa, acariciando los cojines de cuero del sofá, recorriendo la piel distraídamente. Un gesto repetido. Una nueva costumbre. Sin copa entre los dedos, Eva jugaba con otros tactos nuevos. Siempre algo entre las manos.

- Cuénteme, ¿qué hace aquí? ¿Por qué ha venido a esta ciudad? Prometo darle la misma confianza que esté dispuesto a regalarme. Y aunque parezca extraño, mantengo mis promesas. Una de esas virtudes difícil de olvidar.

Se recostó, más cómoda, con la certeza de empezar a escuchar. O tal vez, solamente el deseo. Cruzó las piernas, y permitió a sus manos continuar libremente, enredando también su zurda entre los tactos, eligiendo esta vez un mechón de su pelo, jugando con las puntas.

Los brillos del cristal y del mármol, del metal y del plástico, se enlazaban, sintéticos, al ritmo de la música, armónica, envolviendo la estancia en colores y sombras. El ambiente adecuado para llegar a conversar, sin necesitar velas. Sin cenizeros, sin tabaco. La calidez que te ofrece la noche. La madrugada que se extiende, despacio, y te empuja a ir rechazando velos y restricciones.

La desnudez de haber perdido o estar a punto de perder. Sin consecuencias.

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Dos demonios son peores que uno [Eva Black]

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