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 John Bauman [God’s Gonna Cut You Down]

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AutorMensaje
Bauman
Ángel
avatarÁngel


Mensajes : 21
Fecha de inscripción : 05/08/2013

MensajeTema: John Bauman [God’s Gonna Cut You Down]   Lun Ago 05, 2013 7:25 am

Bauman


Nombre Completo:
John Bauman, Doctor Bauman

Edad Aparente:
35 gastados por la pérdida

Ocupación: Psicólogo.

Arquetipo: Ángel.

Aura: Empatía.

Orientación sexual:
Hetero empático.

Rango:
Iniciado





Descripción Física


Alto, de casi 1,90 y espalda contundente, podría considerarse un hombre apuesto, masculino. Con esa autoridad natural que siempre es asociada a los maestros, políticos, médicos y policías, personas capaces de tomar decisiones. De ser obedecidos sin necesidad de alzar la voz.

Su postura y su cuerpo albergan por costumbre cierta tensión, la fuerza contenida que te hace sentir el control entre los dedos, retenido, esperando una orden, una señal. No llega a ser violencia, es... ¿amenaza? Férrea seguridad que emana desde dentro, siendo un refugio para el débil y un reto para aquellos dispuestos a ofenderle.

Castaño, de flequillo insolente, rebelde en ese cobre juvenil que es oscuro en su pecho, en su mirada y en su vello. Siempre algo despeinado, con el aire informal que ofrece el cuero, el no abrocharse nunca el último botón de la camisa.

Facciones angulosas, mandíbula cuadrada, jugando con los rasgos de ascendencia irlandesa, irisando su barba en un rojizo extraño y atrevido, con ese guiño cómplice, gaélico.

Ojos intensamente azules, quedos y circunspectos, vestidos de advertencia y de consejo. A veces, muy nublados, turbios en el recuerdo y la clemencia, dolorosamente atormentados, casi grisáceos, como memoria en blanco y negro que pugna con el tiempo.

Esbelto, bien formado. De cuerpo definido sin llegar a ser realmente musculoso, con el sabor añejo que te ofrecen los treinta a pesar de mantenerte en forma. Suaves arrugas de expresión y nuez marcada, eterna sombra de barba en sus mejillas, rodeando una sonrisa a medias, de labios que se ríen ante el sabor amargo.

Pecho duro, poblado, viril en ese canon del pasado dónde los hombres "se hacen cargo", beben Jameson sin hielo, pagan cada factura con sudor de su frente y te dicen que hacer dentro del dormitorio.

Manos que no desmienten esa idea, callosas, amplias, de dedos muy nudosos y las uñas muy cortas, desvelando la mecha a su paciencia.

Su aspecto mezcla la madurez con la vida nocturna, esa formalidad de los hombres correctos, del justiciero noble, con la marca que deja el sufrimiento. Mitad mal perdedor, mitad samaritano en el desierto.

Su voz tiene ese acento del sur, que no se deja atrás. Suena a sol, a cosecha, a hombres que aman su tierra y la trabajan, sembrando su futuro. Su adolescencia en Texas dejó una huella en él, ese aire de cowboy que siente el plomo en su cadera, esa certeza en uno mismo que sólo enseña el haber trabajado en una granja hasta quedar dormido y agotado.

Un anillo perpetuo en sus nudillos, como promesa muda. Cazadoras de cuero y americanas negras, cubriendo sus camisas de colores intensos, demasiado elegantes. Como si de algún modo no fuera el mismo hombre, reflejando el dilema.


Descripción Psicológica


Bauman se mueve en ese bien limítrofe, de castigos severos, reflejo del Antiguo Testamento. Ha probado el dolor, intensamente. Lo lleva escrito dentro, sin poder olvidarlo. Sin desear dejarlo atrás. Humanizado en esa carne viva y que aún escuece.

Tremendamente perceptivo, sabe escuchar y ha hecho de esa costumbre parte de su trabajo. La vocación a la que se encomienda, ya sea junto al diván o en los bares, de noche.

Atento, de conversación fluida a pesar de hablar poco de sí mismo, cerrado en sus heridas aún abiertas, abierto a las de otros. Dispuesto a aliviar ese sangrado, a entender los motivos, a ser esa voz sabia que comprende, que te ayuda y te cose, que te empuja a ir cicatrizando.

No pierde la esperanza. Se ata a ella, necesaria para seguir de pie, para continuar respirando. Cree fervorosamente en las palabras, en el efecto de una buena pregunta, una buena respuesta, para salvar a un hombre.

Hallando en el control y en las rutinas un refugio, Bauman odia lo inesperado y las sorpresas. Necesita entender la situación, tener cierta ventaja, mantener ese hilo de cordura que te guía en cada paso, en cada gesto, nunca espontáneo. Siempre parte de "un plan". Encerrado muy dentro de sí mismo, trata de actuar fríamente, de mostrarse impasible, de guarecer el "centro" de si mismo inaccesible.

Cordial y compasivo, dado a ir forjando lazos y relaciones. A ser parte de otros, a compartir su vida. Abierto a muchas otras perspectivas, a otras necesidades y creencias, es incapaz de aplicar la misma tolerancia a los caídos, a los que juzga con la dureza de un creyente, fanático.

Todo su autocontrol se ve mermado en su presencia, aflorando una rabia que no ha sentido antes, contaminando la fortaleza en la que escuda el vacío de su pérdida, la furia no llorada, la culpa que apuñala.

Para Bauman sólo hay una postura. Puede que la debilidad del hombre los haga vulnerables, pero son los demonios los que arrojan veneno a sus oídos, los que nublan sus ojos y guían esa caída, prematura e injusta, haciendo del libre albedrío una falacia, manipulando los destinos y las suertes.

Está profundamente herido. No ha superado el duelo, ni siquiera a empezado a planteárselo. Añora a su mujer con desesperación, y se culpa constantemente de su muerte, desviando esos remordimientos hacia el odio que siente por los Daemon oscuros.

Ellos, viles parásitos, se alimentan de lo peor de nosotros. Se adentran en en el alma hasta pudrirla. Sirenas mentirosas, que perdieron su luz y tratan de arrastrar a otros en su misma miseria.

Pero la oscuridad se vence con sol abrasador. Y Bauman no lo olvida. Aún joven como ángel no entiende las razones para haber ascendido y cree que su "misión", el motivo para ser elegido, es plantar cara al mar. Es salvar almas. Es enfrentarse diariamente a los caídos.

Aún así, trascendió por ser capaz de hacer a un lado su dolor para centrarse en la sanación de los demás. Para "salvarles" de ese mismo dolor, para corregir sus errores, para marcar la diferencia. Cree que con cada alma a la que ayuda, a la que se entrega, redime el alma de su esposa. Hace que su existencia, que su muerte, signifiquen.

Completamente empático, asertivo, las emociones de otros permean en sus sentidos sentidas como propias. Cuando eres capaz de saber, exactamente, que está sintiendo el otro, por qué llora, por qué grita, o qué se esconde dentro, es fácil ayudar. Es una obligación. Es parte de ti mismo.

Bauman puede sentir sus propios sentimientos como el reflejo de las emociones de aquellos a su lado. Su miedo, sus pasiones, su alegría y su tristeza, su rencor, su deseo, la inmensa soledad que siembra el apetito ególatra de esta ciudad, podrida. Y no puede evitarlo. Sintonizar con ellos ocurre de inmediato, y sólo una voluntad firme le permite alejarse, recuperar su yo y sus sensaciones.

A veces, incapaz de discernir si el sentimiento es suyo, se pierde en el mar de emociones que empapa sus sentidos, siendo un reflejo en vivo de lo que experimentan. De gran ayuda en su trabajo y en su labor angelical, puede ser un defecto en ocasiones. Sin embargo, esa inmersión completa, le permite también reflejar lo que siente, incluso desplazar sentimientos de un objetivo a otro, de un modo evocador, realmente útil para ejemplificar. Y para castigar a los caídos.


Historia


John Bauman escribió:

Querida Dora:

Hoy hace 72 días desde la muerte de Sara. Sé que tú también llevas la cuenta. Por éso escribo. No espero que contestes, también sé que me culpas. Es justo, lo comprendo. Yo lo hago, también.

Aún duermo mal. La busco al otro lado de la cama, como si aún pudiera ser capaz de encontrarla. Como si sólo se hubiera levantado a beber agua. A acariciar al gato. A ver la noche, en la ventana, como solía decir... mirando esta ciudad, maldita.

Sé que un "lo siento" no va a traerla de vuelta. Sé que no estuve ahí, Dora. Lo sé. Mi alma lo sabe. Pero quiero que entiendas que la quiero. Que la quise. Que cada día durante estos 5 años, viví a su lado, Dora. Amándola.

Y la entendía. Tú sabes que lo hacía, maldita sea. Nos conocías, Dora. Nos viste. Tuve tu bendición, y aunque ahora te arrepientas, yo no puedo. La hemos perdido. Ya no está. Pero tu hija ha sido lo mejor que me ha pasado. Incluso ahora.

Su recuerdo es suficiente para seguir viviendo, Dora. Yo no pude salvarla, pero ella continúa salvándome, día a día. Ya no puedo arreglarlo... yo no puedo. Pero repaso cada noche lo ocurrido, una y otra vez. Y ahora lo veo, Dora. Ahora lo entiendo. Como antes no pude. No supe.

Ella sufría. Con nuestro bebé dentro, se sentía... menos ella. Compartía sólo un poco de ese miedo, Dora. Hablamos. Hablamos mucho. Me dijo que tenía dudas. Miedos. Que no sabía si sería buena madre. Que no era como tú. Que siempre fue distinta. "Demasiado egoísta". "Demasiado cobarde". Recuerdo sus palabras como un eco, Dora. La voz de Sara me habla desde dentro. Y ahora, el egoísta soy yo, aferrándome a ella. El cobarde soy yo... por retenerla dentro, muy dentro de mi pecho.

Pero aún la amo, Dora. Sé que lo sabes. Que tú tampoco dejas que se vaya. Que para ti, para mí, Sara no será nunca parte del pasado. Que la amaremos siempre, como si todavía estuviera aquí. Como si nos mirara, con esos ojos verdes luminosos.

Lo perdí todo, Dora. La perdí a ella... y perdí a mi bebé. No tenía nombre. Nunca llegué a sentirle dar patadas. Su latido era débil. Era una mancha blanca en las ecografías. Mi mancha blanca, Dora. Mi hijo, mi hija. De Sara. Pero no llegó a ser. Se fue con ella, y ahora estoy solo.

Y sé que sientes esa soledad. Que lejos, aún culpándome, estás ahí junto a mí, junto a ella, anudando los dedos al fantasma que habita mi recuerdo. Porque tú la querías, Dora. Y a mí. Y a mi bebé. Porque fuiste mi madre, después de tantas casas de acogida.

¿Me recuerdas, Dora? Joven y roto, aprendiendo a entender quién era yo, mientras cepillabas mi pelo y lavabas mi ropa sin que yo me atreviera a mirarte a los ojos. Apenas era un niño, Dora. Aprendí a ser un hombre en esa casa. Con George y sus palabras. Con tu receta de salsa de ciruelas el día de acción de gracias. Con la sonrisa inmensa de tu hija, de mi esposa, creciendo junto a mí.

La echo de menos, Dora. Cada día. Cada hora. Los pacientes me hablan y sólo quiero dejarme ir, llorar con ellos, junto a ellos, compartiendo sus penas y mis penas. Pero me necesitan. No ayudé a Sara, Dora. Pero me esfuerzo. A ellos sí les ayudo. Y de algún modo... siento que Sara me perdona.

Creo que comprendo por qué no me di cuenta, Dora. No sé cómo explicártelo, pero lo veo tan claro ahora... No era ella misma, Dora. No era mi Sara. La Sara que criaste. Era... distinta. Y no fue mi bebé. Fue... esta ciudad, maldita, venenosa. La Ciudad del Pecado... que pudrió su esperanza. Se dejó ir, Dora. Estaba tan cansada.

Ella, nuestra Sara, prefirió no arriesgarse, Dora. Se dejó ir, con nuestro hijo, para no defraudarnos. Para no defraudarse. Decidió no llegar a ser madre, Dora. Pero otros la empujaron. Ahora lo sé. Lo he descubierto. He encontrado a esas víboras. Al tipo que le dio las pastillas. Al tipo que retorció su mente. Y te juro, Dora, que voy a vengarla.

A ella, y a otros. Esta ciudad está llena de víctimas, Dora. Los verdugos infectan cada noche, dispuestos a hacer daño. Pero voy a hacer algo. Voy a ser el hombre que me enseñaste a ser. El hombre que George educó. Y voy a hacer algo, Dora. La muerte de Sara valdrá la pena.

Te lo juro. Van a pagar por ello.

No pude salvarla. Pero salvaré a otros.

Te quiero, Dorothy. Y estoy agradecido. A ti, y a Sara.


Siempre vuestro, John.



Extras



Ama lo simple, lo directo. La gente honesta y los principios. Cree en la palabra dada y siempre honra sus promesas, esperando que los demás hagan lo mismo.

Disfruta sus sesiones y de ayudar a otros. Escuchar sus problemas, aconsejarlos bien, guiándolos poco a poco, descubriendo qué quieren, qué necesitan y cómo conseguirlo.

Le encantan los caballos, la doma, cepillarlos, susurrarlos despacio. Ama lo clásico, incluso, el sueño americano que suena a estereotipo. Las barbacoas, una cerveza fría, el baseball los domingos, las ferias y rodeos, la carne casi cruda, Johnny Cash en vinilo, "Hojas de hierba" en tapas duras, los revólveres Colt, que colecciona, la polaroid raída que lleva siempre en el bolsillo, el pastel de batata que siempre le hacía Dorothy... Sus recuerdos de Sara.

Ama su olor, perdiéndose, en la ropa colgada en el armario que aún no llegó a guardar y no guardará nunca. Su pelo en el cepillo, su lado de la cama, respetado en silencio. Ama a su gato, llamado William James, en el guiño travieso que quiso hacerle Sara en honor a su obsesión por el funcionalismo psicológico. Ama los pequeños zapatos bordados por su suegra, el hermoso algodón tan puro y blanco, que simboliza tantos sueños perdidos.

Ama el dolor que le recorre y que ha sellado dentro, porque se debe a ella. Ama las emociones "buenas" que contagian los otros a su alma. Su fuerza, su alegría, su determinación. Que a veces, siente como propias.

Detesta que utilicen su nombre de pila, escudándose en esa distancia que otorga el apellido. "John" era el hombre que se sentía con Sara, ahora, sólo ha quedado "Bauman".

Odia la demagogia, las mentiras. El poder que se basa en el engaño. Odia el simple hedonismo, el placer inmediato. Odia la ostentación, el lujo y el dinero. Vive de forma estoica, con esa dignidad que enseña la pobreza de una familia de corazones nobles, que entienden lo que realmente importa, duradero y profundo.

Le desagrada lo moderno, lo abstracto, ese minimalismo descarnado que se ha puesto de moda. No entiende "las tendencias", no respeta las modas y el desdén del presente por la cultura antigua le exaspera.

Desprecia el plástico, las cosas "made in china", las intenciones que no se vuelven actos, los actos que no implican conciencia y siguen un propósito. Cree firmemente en la educación que te nutre, que te cambia y define, y por ello no rechaza el conductismo.

Crítico antaño con las drogas, es ahora un detractor empedernido. Le ofende el uso de la medicación en las terapias, cree que la voluntad lo puede todo.

Nunca aceptó que Sara decidiera realmente suicidarse,. Trascender y ser capaz de ver realmente a los demonios alejó cualquiera de sus dudas. Los odia, totalmente, como se odia aquello que daña a lo que amas, fieramente, como un lobo que pierde a sus cachorros.

Los culpa, como se culpa también a sí mismo.

Se encuentra al límite, siendo un mártir desnudo en la navaja, sin saber si el dolor que persigue es propio o es ajeno. Tratando de salvar ese infierno de cólera, cernido ante sus pasos. Sólo las emociones en los otros le ayudan a salvarse.

Cuando pierde el control se vuelve una explosión incontrolable. Raro en un ángel, la ira se enciende en él como la pólvora, cuando existe un motivo. Bebido es malhablado, de un sarcasmo cruel, hiriente y afilado, como el llanto que nunca se permite.

Es terco y obstinado hasta la extenuación. Nunca abandona un objetivo, siendo en parte virtud, en parte gran defecto. Se ha vuelto rencoroso con el tiempo, y aunque perdona, ya no olvida. La herida de su pecho le incita a protegerse.

Le cuesta un mundo abrirse, hablar de lo de Sara, admitir que ella ha muerto, que ya no volverá. No desea "rempezar" ni perdonarse. No "seguirá adelante". Vive en un bucle que no acaba, dónde ella ha muerto, cada día, y él desea remediarlo, sin remedio. Ese tiempo robado le ha permitido conocer sus errores y tratar de enmendarlos.

Se da a los suyos... a pesar de haber perdido a casi todos.  Es leal, de un modo doloroso, casi infantil, dañino. Pero no sabe despedirse. Nunca dejará atrás a los que ama, siendo siempre un apoyo, ese hombre "disponible" al que puedes llamar si te equivocas. El SOS que siempre acude a ti, para ayudarte, sin llegar a saber si eres tú, tal vez él, quién necesita ayuda.

Acepta su dolor y ese vacío de un modo abrumador, casi masoca. Se recrea en lo ocurrido, en la falta de Sara, vistiéndose de pérdida. Sueña con ella, cada noche. Con el bebé que no llegó a nacer. Con el final feliz que nunca llegará. Y no lo niega, pero no lo comparte.

Sigue escribiendo a Dorothy regularmente. Es esa confesión que necesita, el lazo que mantiene su latido. Puede que no logre hablar de ello, pero en sus cartas, se permite sentir y derramarse por escrito. Llorar, sin lágrimas. Pedir perdón. Gritar, verter el miedo y la impotencia. Dora nunca responde.



Canción




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Matt Davis



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MensajeTema: Re: John Bauman [God’s Gonna Cut You Down]   Mar Ago 06, 2013 5:03 am

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John Bauman [God’s Gonna Cut You Down]

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