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 La Larga Velada [Libre]

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AutorMensaje
Samantha Rober
Ángel
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Mensajes : 55
Fecha de inscripción : 15/06/2013

MensajeTema: La Larga Velada [Libre]   Miér Jun 26, 2013 6:16 am

Las Vegas [Nevada]
25 Junio 9:30 Pm

El día había sido agotador... El verano había iniciado su camino por las calles de Las Vegas con un impacto considerable, y no solo por el calor; los niños habían acabado las clases y las hordas de turistas comenzaban a llenar los aviones. La vida volvía a las calles de la ciudad, haciendo así que el dinero y la economía volviera a fluir.

Eran día de trabajo para aquellos que dedicaban sus vidas a salvar las almas de los pobres mortales de la corrupción de los Demonios. Además del aliciente de estar en la ciudad en la que la mayoría se perdía en el vicio del juego y en la cantidad de estimulantes (también malos) que corrían por las calles, tanto de día como de noche.

Llegué a mi pequeño apartamento y me senté en la cama. Poco a poco me fui retirando los zapatos a la vez que me masajeaba los dedos de los pies intentando aliviar la tensión después de estar todo el día corriendo de aquí para allá.

Busqué el mando de la televisión con la mano y pulse una tecla al azar. En seguida el sonido de las noticias se hizo eco entre las paredes. Hablaban del "Limbo", el nuevo local que había abierto Black y en el que claramente añadía que invitaba a TODOS a visitarlo. Claro está, con unas premisas que había dejado claras en las invitaciones que había enviado a alguno de ellos.

La entrada suya estaba sobre la mesa, estaba boca abajo y una frase escrita a bolígrafo se podía leer nitidamente: "Me gustaría que estuvieras en la inaguración, Black"

"No se para que quieres que vaya... siempre estás rehuyéndome... Se permitió pensar a la vez que se quitaba la ropa del trabajo y se colocaba un vestido más alegre y bastante más fresco para la ocasión. A su vez, se maquilló ligeramente, casi de manera imperceptible para alguien que no la conociera. Un poco de sombra de ojos y un ligero toque de carmín en los labios. Se cepilló un poco el pelo, cogió las llaves y un bolso y salió a la calle.

La noche había ayudado a que la temperatura de la calle fuera bastante más agradable que cuando había entrado. El Sol aún despedía algún rayo aislado que iluminaba el cielo en colores morados y anaranjados.

La noche en Las Vegas solo distaba del día en que el cielo estaba oscuro. Las luces de los casinos y los hoteles, así como los clubes y comercios que abrían por la noche iluminaban allí por donde caminabas. Solo se sumía en la oscuridad el barrio bajo, Off-Strip. Un lugar a donde los Ángeles no solían ir más que nada porque era morada de Demonios. La corrupción se extendía por allí al igual que el agua que aprisiona una presa agrietada termina por romper esta y fluir a su antojo.

La gente reía, corría, miraba los locales. No pude evitar sonreír, quizá en el fondo su trabajo fuera duro, pero el solo hecho de salvar un alma de la perdición hacía que todo valiera la pena y que levantarse otro día fuera un propósito de futuro.

El local estaba en una buena zona: Al norte de Las Vegas Strip y un poco al sur de Downtown, lo que le daba una situación envidiable para cualquier lugar que se dedicara al negocio nocturno.

No pude evitar abrir los ojos al ver la cola que se perdía en la esquina del mismo edificio y... a saber donde acabaría. Por suerte, yo tenía entrada y podría acceder de manera inmediata. Así que, rauda y veloz, me acerqué hasta los gorilas que controlaban la puerta y les hice entrega del trozo de papel. Uno de ellos retiró el cordón que me impedía el paso y abrió la puerta. Entré tranquilamente.

La música me inundó al instante envolviéndome y trastocándome un poco hasta que me acostumbré a ella. Una señorita vino enfilada a pedirme el abrigo pero retrocedió al ver que carecía de el. Le dediqué una sonrisa a modo de disculpa y entré en la zona de baile.

Me acerqué a la barra y me senté a observar un poco lo que allí se "cocía"... pero mis ojos se perdían en busca de Black - ¿Donde estás?
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Fon Lattener
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Mensajes : 55
Fecha de inscripción : 08/07/2013

MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Miér Jul 10, 2013 2:49 am

Odiaba el verano, o más bien, el calor. No había sensación más desagradable que estar desnudo y sentir que hasta la piel se le antojaba molesta pegada a su cuerpo. Lejos de pensar en despellejamientos, Fon simplemente se alejó de aquel foco de desagradable calor en forma de mujer entrada en la treintena y fue directo a la cocina.

Sus pasos apenas vibraban por el suelo del pasillo, refrescando un poco las plantas de sus pies desnudos.

Al abrir la puerta del refrigerador casi podría haber tenido un orgasmo. El guantazo de aire fresco le hizo cerrar los ojos y suspirar, aliviado al notar como su piel empezaba a bajar de temperatura progresivamente.

Aunque pasarse el día entero desnudo frente a la nevera abierta hubiera sido un plan harto maravilloso, casi que mejor prefirió quitarse de en medio pronto. Entreabrió los ojos y bajó la vista a los estantes, buscando agua fresca con la que terminar de enfriar su interior. Luego, fue directo a la ducha.

No quería compañía en ese momento, así que tuvo que conformarse con unos minutos bajo el agua helada y agradable de la regadera antes de vestirse, tomar su bolsa con algunas cosas y finalmente salir de aquel apartamento con el cabello ya prácticamente seco.

Tsk, al menos podría haber elegido a alguien con aire acondicionado…

Se pasó el día en una cafetería, acaparando la mesa más apartada y fresca del local. Estuvo leyendo, navegando por internet en su tablet y ojeando de paso las noticias que pudieran despertarle algún interés con respecto a aquella nueva ciudad en la que había acabado. También debería buscarse alojamiento, un apartamento o un hostal, algo al menos para dejar sus cosas. Lo de conseguir colarse en casas ajenas no era el problema.

Sino la convivencia y su mantenimiento.

Pero realmente le parecía absurdo tener que pagar por algo que solo utilizaría como mero almacén o picadero ocasional, quizás debiera dar con alguna estúpida alma caritativa que no le pidiera demasiado por cobijarle ocasionalmente bajo su techo. Lo de poner carita y ojitos de niño bueno se le daba bien al fin y al cabo…

Tras varias horas en aquel lugar, Fon decidió que esa noche se dedicaría a experimentar un poco. Y la inauguración de una discoteca se le hizo un buen sitio, no le gustaban demasiado los espacios tan llenos de gente y ruido pero tenía el culo tan dormido que ardía en deseos de que algo o alguien se lo despertase.

Así que tanto la música como el lascivo de turno le valdrían para ello.

Salió de la cafetería cuando atardecía, maldiciendo una vez más el sofocante calor del exterior. En fin, al menos los billetes que le había sacado del bolso antes de irse a la mujer con la que había pasado la noche le servirían para pagarse una habitación esa noche.

A eso de las nueve, Lei Fon Lattener salía del hostal vestido para matar: pantalones ajustados de cuero negro, botines militares y camiseta blanca simple y corriente sin mangas. Como únicos adornos se colocó un anillo, un colgante de cordón y sus piercings, uno pequeño en el lóbulo derecho y otro que enganchaba en el hélix de su oreja con una cadena al lóbulo izquierdo.

Se atusó un poco el cabello mientras caminaba hacia el local, de modo que ocultaba el lunar junto al rabillo del ojo derecho. ¿Muy tarde para acudir a aquel sitio que seguro a esa hora ya tenía una cola inmensa?

De eso se trataba, por supuesto.

No intentó colarse —aparentemente— en ningún momento, solo caminó alrededor a una distancia prudencial para, simplemente, observar y calcular.

Y premio, en cuanto dio con la persona adecuada en el lugar adecuado, empezó a… jugar.

Qué desdeñado era hoy en día el poder de una mirada y un silencio, de una sonrisa lejana que despierta la más ardiente curiosidad del ser humano confuso y bajo de autoestima. Fon ni siquiera tuvo que moverse del sitio hasta que la mano de uno de los tipos que le comió con los ojos en la cola le hizo una señal con la mano para que se acercase.

A las nueve y media, ya estaba dentro del local, dándole esquinazo a aquel sujeto y buscando un lugar cómodo en donde seguir “jugando” mientras su cuerpo moría por arrastrarle a la pista de baile. Pero todo a su tiempo.

Se aventuró a apoyar la espalda en la pared con las manos en los bolsillos, a unos pasos de la barra. Más concretamente cerca de la zona de paso de los camareros, por lo que no había gente que le estorbase la visión para otear la fauna que allí se reunía y él no obstruía el paso, por lo que no lo podían echar de allí.

Ahora Fon pudo concentrarse mejor en su alrededor, notando por sobre la música, el olor a alcohol, perfume, ropa cara y sudor, lo que emanaba cada ser allí presente. No podría ponerle nombre o descripción adecuada, pero era como sentir la esencia de las personas.

Densas, ligeras, maleables, similar a lo que se sentía al oler o saborear algo. Era demasiado excéptico como para llamarlos “mortales”, “ángeles” y “demonios”.

Su atención no obstante acabó siendo tomada por una de esas presencias, a su criterio, evolucionadas.

No era exactamente como él, quizás por eso le despertó la curiosidad. Se trataba de una chica de aspecto sencillo y nada espectacular a simple vista, sentada en la barra y observando insistentemente a su alrededor.

Había quedado con alguien o estaba allí por algo concreto. Se le hacía extraño una joven con pinta de mojigata en un lugar como aquel y sola además.

Sus ojos azules se entornaron entonces, al darse cuenta de que los labios de ella se movían, como si le susurrase al aire. A día de hoy, Fon no sabía leer los labios, pero supuso que por su actitud, debió de ser algún tipo de llamado inútil por pura impaciencia o desesperación… ¿Qué tal si jugaba un poco con ella?

Desvió la vista a los focos y luces del local, sintió el ritmo de la canción. No se movió de donde estaba ni cambió su postura.

Y apenas unos segundos después, en el momento adecuado, su mirar volvió a entornarse clavado en la chica. Concentrándose un momento solo en su inquietante presencia para susurrarle mentalmente:



“Estoy aquí”



Su intención era que ella le mirase justo en el momento en que uno de los haces de luz se dirigió a su posición, iluminándolo como un ángel resplandeciente entre la multitud.

Quería que viera sus claros y rasgados ojos azules, serenos y profundos, fijos en ella en todo su esplendor.

Mostrarle la sonrisa enigmática dibujándose en su rostro una vez lo hiciera.

¿Qué? ¿Había formas mejores de decir "hola"?


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Hisham R. Manzur
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Miér Jul 10, 2013 5:58 pm

Había dejado a Seray durmiendo en casa y me había puesto una cazadora sobre la camisa que llevaba y agarré algo de dinero de mi cartera para enfilar la salida y la calle y de ahí a ese local nuevo que se había abierto recientemente. ¿Qué esperaba encontrar, ahí? No lo sabía pero tenía curiosidad. Era un ángel pero aún así sentía curiosidad por las cosas terrenales como esas además que nunca estaba de más reconocer el territorio por el que te movías y eso sería un hervidero y si podía salvar un alma mejor que dejarla en manos de los demonios. Mientras andaba y escuchaba el bullicio constante que me rodeaba, pensaba que yo, en un pasado, habría servido como demonio. Suspiré y recordé a Herald. ¿Por dónde andaría? Me percaté que no me importaba lo más mínimo que sería su vida en ese momento así que cambié de pensamiento rápidamente a otro que tenía ocupado mi mente desde hacía meses.

Pero no lo expondré aquí, tengo mi intimidad y espero que todo se vuelva poco a poco a su sitio pues, ¿quién sabe si alguién podría oír mis pensamientos? Prefiero no arriesgarme a ser descubierto tan fácilmente. Observé la larguísima cola y palmee mi bolsillo sonriendo por tener la entrada en él. Me acerqué, apenas la mostré y accedí al interior. Enseguida el retumbar caótico de aquella música golpeó mis sienes con fuerza recordándome aquellos malos tiempos. No me apetecía bailar por lo que rápidamente me dirigí hacía la barra con la firme intención de tomarme algo ligero cuando la descubrí. Mi salvadora, mi descubridora... Sonreí y me acerqué a ella mirándola a los ojos. -Buenas noches.-Procuré hacerme oír por encima del estruendo.-¿Cómo estás? -le pregunté interesándome por su salud. No solo era así con ella sino con el resto de mortales que nos rodeaban. No sabía que ahí había un demonio.
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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Jue Jul 11, 2013 5:13 am

Evité al camarero como buenamente pude mientras este intentaba venderme una copa. No conteste, simplemente moví la cabeza en señal negativa y lo acompañé de una sonrisa. No me apetecía beber esa noche, no me sentaba demasiado bien el alcohol y a la vez, al no estar acostumbrada a tomarlo de continuo hacía que mi posibilidad de aguantar de pie se viera seriamente alterada... Era algo que no la llevaría a buen fin.

Giró el taburete donde estaba sentada sobre si mismo y volvió de nuevo la mirada hacia la pista de baile. El efecto tormenta se hizo presente a la vez que la luces se atenuaron confiriéndole a todo un aire fantasmagórico y haciendo, además, que pareciera que todos los que allí saltaban se movieran a cámara lenta, como en una danza pausada que solo te dejan ver unos instantes antes de ver de nuevo como la oscuridad lo envuelve todo.

Entornó los ojos, intentando que las sombras tuvieran cara, que la voz consiguiera filtrarse entre el ruido y los golpes... o bueno, en el fondo, solo pretendía enfocar un poco más su vista. Ya que, entre sus múltiples poderes, no estaba el de ver en la oscuridad.

Y entonces creyó verla, entre la gente, entre las almas... moviéndose como si flotase, como si ninguno de los allí presentes pudiera ni tan siquiera rozarle. Contuvo la respiración a la vez que seguía con sus pequeños ojos el transcurso de su camino, solo conocido por ella.

No necesitaba ver sus ojos o cruzar sus mirada, la mente vuela y, a veces, los recuerdos pueden ser más reales que aquello que tus ojos quieren que veas... En su mente se dibujaron los susurros de Eva acompañado del cálido sabor de su aliento acariciando su cuello. El vello se le erizó al instante acompañado de un rubor completamente involuntario, mientras el aire escapaba entre sus labios.

Había aprendido a no desear nada. Pero a veces no se es tan perfecto como para llegar a eso, como para alcanzar tal grado de Nirvana. Muchas veces había pensado que eso se debía a que su camino como ángel apenas se extendía a poco más de unos años y que, más adelante, podría dominar ese impulso, esa necesidad desconocida por siempre para ella... Hasta que conoció a Eva...

La luz volvió a tomar protagonismo en la pista y pudo comprobar, con una decepción claramente visible, que su Eva, la que caminaba por la pista, solo había sido fruto de su imaginación... ¿Qué tienes en la cabeza Sammy?

"Estoy aquí"

El sonido de la voz fue lo más claro que había pensado aquella noche, no era irritante, no era desagradable... incluso diría que resultaba ligeramente atrayente. Pero tampoco era un susurro de alguien que tenía a su espalda y se lo decía directamente al oído. Era un sonido implantado directamente en su cabeza, un sonido que solo alguien como ella podía haber conseguido generar. Quizás hubiera sido demasiado evidente en su búsqueda y eso habría podido llamar la atención de los que la rodeaban.

Con fingida timidez apartó el mechón de pelo que le caía delante de los ojos y movió la cabeza, buscando el origen de semejante intrusión.

Era fácil de encontrar. Lo había dispuesto todo para que fuera lo único que pudiera encontrar si buscaba, lo único iluminado. Pero no había luz en él... su sonrisa estaba cargada de maldad, así como sus ojos azules parecieron brillar con una intensidad semejante al fuego que debe arder en la morada del primer caído... ¿Está provocando o solo pretende demostrar que está ahí? Pensó para sus adentros, intentando contener las ganas de que su pensamiento fuera compartido.

Era la primera vez en todo el tiempo que había ejercido las labores de ángel que se encontraba frente con frente con el bando contrario. Hasta el momento solo había sido participe de la influencia que ellos podían generar en los humanos y bueno... incluso en los propios ángeles. La maldad es el camino fácil y a veces, la falta de resultados hace que hasta el más puro de los daemon se deje llevar.

No sabía como actuar, manteniendo la mirada del Demonio ¿Debería contestarle?¿Insultarle? Su falta de experiencia en el campo se le hacía presente en el gesto de duda que transmitía su rostro en ese momento.

Su respuesta fue algo absurda y seguramente carente de sentido para el Demonio.

"¿Qué es lo que quieres? Apártate de esta gente, ellos no merecen tu castigo..."

¿Qué estás diciendo? Es obvio lo que quiere... Se maldijo por dentro intentando parecer dura, un rival digno, pero se empequeñecía ante la adversidad desde que Eva desapareció.

Entonces noté la voz de Israel a mi espalda, que me saca del trance y por poco hace que caiga al suelo de bruces. Por suerte, solo es un respingo y termino de pie en el suelo después del pequeño salto que me saca del taburete.

- Eh... Ah... Hola... Bien ¿Y tú? - Contestó intentando no parecer alterada. Mientras intentaba encontrar de nuevo con la mirada al Demonio que la había retado, no se sentía muy cómoda dándole la espalda.
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Fon Lattener
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Vie Jul 12, 2013 1:03 am

De repente, algo cambió en ella. Fue como un pequeño chispazo, igual que cuando el volumen del televisor se alzaba momentáneamente o el olor de las palomitas cuando terminaban de hacerse en el microondas.

Fon había estado pendiente de ella, observándola en su silenciosa espera, por eso pudo notarlo. Ese pequeño cambio fugaz en su presencia fuera de lo normal, similar a la suya y a la vez, diferente. Todavía no sabía distinguir bien del todo las percepciones nuevas que su condición le ofrecía pero sí supo que aquello había sido propio de su naturaleza.

Esa sensación fue similar a su esencia.

Pero el joven neoyorkino aún no le podía poner nombre ni razón, solo… similitud transitoria.

Eso quizás le despertó más aún la curiosidad sobre ella, por eso quiso llamar su atención de aquel modo que se le antojó más que adecuado y discreto. No expandió su aura en ningún momento —de hecho, aún no sabía hacerlo—, no le mostró atisbo alguno de aquella imagen que vio al volver a nacer.

Solo se limitó a buscar el momento adecuado para que aquellos ojos femeninos le observasen claramente y oyeran su susurro.

Y, para su fortuna, funcionó.

Ella hizo un gesto discreto y movió la cabeza, supuso que buscándole. Ajá, sí, le encontró justo en el momento medido, él no se privó de sonreírle como mero saludo. Pero ella… ¿parecía extrañada? ¿Había hecho algo raro? ¿Es que solo era una capacidad propia de él y la chica no podía comunicarse igual a pesar de la similitud de sus condiciones?

Cuando al fin escuchó su respuesta en su cabeza, supo que no era así. Ella también era capaz de susurrar.

Ahora fue la cara de Fon la que mostró su desconcierto.

Su sonrisa se borró al instante, frunciendo sus cejas en una sutil pero clara expresión entre curiosa, sorprendida y extrañada. ¿A qué había venido eso?

Siempre tenía cuidado de cómo se acercaba a las mujeres porque algunas —la mayoría— parecía que las fueran a violar cuando un hombre se les acercaba en un local. Sin embargo, a aquella chica ni siquiera se le había puesto al lado para que se sintiera intimidada… ¿había sido quizás la manera de comunicarse? ¿Era una falta de respeto o algo así el susurrar directamente en su mente?

A Fon desde luego le parecía un método bastante práctico para conversar en un sitio lleno de ruido e incluso cortés, para no interrumpir conversaciones cuando ahora la veía socializar con un puretón que parecía su padre. Y era una presencia igual a ella, pero diferente a él.

Aunque más que aliviada por su llegada, parecía sorprendida y cordial… pero no lo suficiente para considerar que fuera la persona que estaba buscando antes. Debía de ser un conocido que la andaba saludando.

Pero aunque también le despertó curiosidad, su objeto de “estudio” de momento era la chica, más aún tras haberle llamado la atención con esa actitud tan fuera de lugar, tan alejada además de esa imagen que daba pero, sobre todo, por sus palabras.

¿De qué “gente” le estaba alejando? ¿Se refería a un tipo de presencia concreto? ¿A todos allí? Y ¿de qué “castigo” le estaba hablando?

No entendía nada… así que era hora de buscar respuestas.

Fon aprovechó el pequeño momento de distracción de la muchacha para desparecer de su pequeño mirador, de modo que sus ojos no le encontrasen en el sitio en donde le hallaron antes le volvieron a buscar.

Pero antes de hacerlo, volvió a concentrarse en susurrarle mentalmente, sin atisbo alguno de rencor o acritud en su tono, ni siquiera de esa sutil ironía implícita en sus palabras:




“Vaya, ¿así es como se saluda en Las Vegas? Lo desconocía por completo…”



Un whisky con hielo —su voz sonó ahora fuera de la cabeza de la chica al segundo siguiente de ese susurro, apareciendo justo al lado de ella. Con el cuerpo erguido cual militar frente a la barra, sin haberle dirigido la mirada en momento alguno a ellos dos durante aquella petición al camarero.




“Me disculpo si te he podido molestar por algo, pero
me temo que no tengo ni idea del porqué”



Fue el nuevo susurro mental que le dedicó a la chica mientras observaba su reflejo en el vaso de cristal en donde le estaban sirviendo la bebida casi al momento de haberla pedido.

Intentando dar la impresión de que él estaba a sus cosas y ella a las suyas durante aquella estrambótica conversación en sus cabezas.


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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Dom Jul 14, 2013 10:46 am

La respiración se me agitó a la vez que mis ojos buscaban con rapidez el rostro que se había descubierto entre los presentes, el rostro de su enemigo natural, la mirada de la perdición y la desesperación, la semilla podrida plantada en el corazón del hombre.

El rostro del mal lo habían llamado alguno de los ángeles, el camino a la condena eterna... eran infinidad los sinónimos que se podían encontrar en los libros para definir algo tan simple y a la vez tan complicado como el sendero de la mano izquierda. Aquello que el ser humano deseaba aunque no conociera, aquello que se escondía detrás de cualquier rostro.

Obvié la presencia de Israel por un momento, mientras todo lo que tenía cabida en mi cerebro era la búsqueda... entonces caí en la cuenta "Este es un local neutral, es normal que te encuentres demonios aquí, deberías ir acostumbrándote a su presencia o no volver a pisar este local" Pero entonces pensó en Eva... y seguidamente la voz volvió a devolverme a la tierra.

hablaba de mis formas de dar la bienvenida a Las Vegas ¿En serio esperaba que le diera un abrazo como si de una madre que recupera a su hijo se tratara? Aunque... quizás sea novato, quizás haya caído porque no se ha encontrado con la persona correcta y sus decisiones hayan sido erróneas, haya tomado el camino fácil... Quizás aún no sea tarde para él. Pensaba mientras intentaba encontrarle por todos los medios, hacer contacto visual para poder contactar mentalmente con él, ella si estaba bajo su mirada.

Una voz ligeramente conocida sonó a mi lado, me giré casi al instante porque, aunque en la cabeza de las personas siempre la voz suene diferente, tiene esos matices que las hace únicas. No esperaba encontrarme tan de golpe y porrazo con su presencia, no esperaba que fuera tan atrevido como para acercarse de ese modo irracional y temerario hasta ellos.

Supongo que fue algo automático, movido por el sobresalto y el temor que se generó en mi pecho en ese instante en concreto. Pero mi faz se hizo presente a la par que di un par de pasos hacia atrás. Mis alas se desplegaron abriéndose con una envergadura de más de 2 metros, blancas, puras, imperecederas. Mi piel tomó una tonalidad más clara, prácticamente brillante y mis ojos se aclararon como dos zafiros que brillaban en la oscuridad aleatoria que las luces del local provocaban.

Mis alas batieron un par de veces antes de desaparecer igual que habían llegado y apagarme como lo hace una bombilla que se funde en un instante. Sabía que solo ellos dos podían haberme visto, pues la visión de la faz no es general sino particular para la persona que está enfocada, en este caso para el Demonio.

Spoiler:
 

Los sonidos que llegaron a mi mente confirmaron aquello que había pensado anteriormente, que solo era un alma perdida que había sucumbido por sus malas decisiones y seguramente, su soledad. O podía estar mintiendo... El Demonio tiene muchas caras.

Calmé los latidos de mi corazón, ordené mis ideas y me acerqué a su posición, no sin antes hacerle un gesto a Israel para que no se preocupara, que no iba a hacer nada, simplemente quería que estuviera alerta. Apoyando a esta decisión estaba la certeza de la neutralidad del Limbo ¿Duraría mucho esa neutralidad? Ahora que Eva ya no era parte de los Ángeles no tenía claro que poder podría ejercer sobre ambos bandos.

Apoyé los codos sobre la barra y miré al frente, al espejo que cubría la pared del fondo. Podía ver como los ojos del interesante recién llegado estaban clavados sobre el vaso de color amarillento, como si el derretir de los hielos fuera a desembocar en el fin del mundo.

- Perdona, tienes razón, no son modos de saludar - Dije intentando ser cordial - Pero es que no esperaba que... aquellos como tú, fueran tan dialogantes - Me atreví a decir. Segundo después me mordí la lengua como si hubiera metido la pata.

- Es decir... yo soy un Ángel, tú un Demonio...¿Me estoy explicando algo? - Las palabras se le arremolinaban en la lengua sin saber como continuar. Bajé la mirada, a la barra intentando pensar como continuar con esa conversación "Tú habrías sabido que decir... que hacer..."
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Fon Lattener
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Miér Jul 17, 2013 1:15 pm

No tenía ni idea de cómo sonaría su voz en la cabeza de la persona a la que susurraba hasta ahora. Nadie había sido nunca capaz de responderle y aún no podía comprobarlo, ya que no había escuchado hablar a esa chica con sus cuerdas vocales todavía. Pero sí que sabía que ella le reconocería en cuanto su propia voz junto a ella sonase para ser escuchado por el camarero, demasiado repentino, demasiada curiosidad.

Mas él también hubo de sorprenderse.

Fon no sintió miedo o inseguridad en ningún momento. Sus ojos azules se fueron directos al espejo de la pared del fondo, observando impasible la reacción de la muchacha. Igual que si estuviese viendo un documental en la televisión.

Ella parecía haberse asustado, quizás por su aparición tan repentina cuando estaba concentrada en su voz o bien porque se la hubiera reconocido a su lado al hablar. Sin embargo, lo más fascinante fue lo que le mostró la chica cuando ésta retrocedió refleja.

Era diferente a él también físicamente, no solo de forma sensitiva. Fue breve pero su imagen se clavó en su memoria, llegado incluso a sentir una inexplicable sensación de extasiarse quedándosela mirando sin más durante un breve segundo. Pero la curiosidad de Fon era demasiado intensa como para dejarse llevar por ese trance fugaz que se apagó incluso más rápidamente que aquella cegadora luz.

Así que esa era su forma. Piel reluciente, enormes alas emplumadas de inmaculada luz y ojos azules, intensos como joyas que resplandecían con una luminosidad propia.

Pero le seguían gustando más con aquel oscuro color chocolate que afortunadamente retornó de nuevo.

La vista de Fon bajó hasta el vaso que trajo el camarero para servirle el whisky pues, dándose cuenta de que el hombre no había hecho amago alguno de sorprenderse por lo que él había visto. De hecho, ni siquiera a su alrededor otras personas mostraban siquiera un atisbo de estupefacción por ello. Y estaba claro que no todos allí eran superdotados o amantes de la investigación como Fon.

Debía de haberle mostrado aquella imagen de forma focalizada.

Cuando ella pareció tranquilizarse o al menos vio que no la iba a morder, la observó acercarse nuevamente tras interactuar con el otro hombre a través del reflejo de su propio vaso. Pagó la copa y se disculpó de nuevo susurrando en su cabeza, no tenía intención alguna de interrumpir su conversación con su conocido ni tampoco le fascinaba mucho la idea de tener que alzar la voz para hacerse escuchar por sobre la música.

Sin embargo, al escuchar su voz, Fon comprobó dos cosas: que, efectivamente, ella reconoció su voz como él ahora reconocía el matiz mental de la suya… y que la tenía bastante bonita.

No era un dato relevante pero tampoco desechable, ¿no?

El neoyorkino tomó el vaso por la parte superior únicamente con los dedos y lo movió un poco, para que el hielo se recolocase mejor de forma que aguase y enfriase la bebida más rápidamente mientras la escuchaba, mirándola de reojo. Esbozó apenas una sutil sonrisa ante su disculpa, como un modo discreto de aceptarla sin palabras.

Aunque no pudo evitar tener un pensamiento en el acto que le hizo susurrárselo con el mismo reflejo que tuvo su ceja al alzarse incrédula:




“¿Aquellos como yo?”



No le hizo falta una respuesta, aquella aclaración le hizo llegar a la conclusión de que debía empezar por disimular sus ganas de reírse para no ofender a la chica y que ésta lo mandase lejos de nuevo. Parpadeó un par de veces, agradeciendo que ella hubiese descendido la mirada y Fon se rascó discretamente bajo la nariz con el dorso de los dedos. Mirando de reojo a ver si alguien más la había escuchado, lo cual incluía al hombre que la acompañaba. ¿Él también se habría sorprendido de haberla escuchado o estaría tan loco como ella?

Hablarle a alguien tan escéptico y ateo como Fon sobre ángeles y demonios era como decirle que Santa Claus o el Hada de los Dientes existían. Pero más aún le había dejado descolocado el que ella lo hiciera tan a la ligera, como si nadie la fuera a tomar como una beata religiosa o algo peor por ello al escucharla.

Fuera como fuese, si eso era el asunto que la había puesto hostil con él era un buen momento para alejarlo de su conversación y sus pensamientos.

Creo que me hago una idea —musitó con una pequeña sonrisa, inclinándose hacia delante para apoyar los codos también en la barra junto a ella—. “Yo soy Capuleto y tú, Montesco. No eres tú mi enemigo sino el apellido que llevas…” —recitó para ella, como si estuviera repitiendo sus palabras pero con otras con el mismo sentido—. Segunda escena del segundo acto de Romeo y Julieta, William Shakespeare. O “la escena del balcón”, como suele conocerla la mayoría —le aclaró, ladeando la cara para verla con su sonrisa enigmática y sus ojos serenos—. Me encanta esa obra por el acertado reflejo que hace de los prejuicios sin sentido del ser humano y las consecuencias de los mismos… —era un reproche sutil, pero no estaba usando un tono o actitud propios para ello, realmente no la pretendía molestar sino usar la situación para hablar de otra cosa más agradable como era el teatro—… pero supongo que la gente cree que solo es una tragedia que trata sobre un intenso amor desesperado…

Concluyó, regresando la vista a su vaso y lo volvió a mover, llevándoselo a continuación a los labios para dar un breve trago. Adoraba sentir el ardor del hielo quemándole el labio superior.




“¿Qué tal si nos dejamos de nombres, apellidos y linajes familiares enfrentados
y disfrutamos sin más de lo que nos ofrece la noche, hum?”



Le susurró nuevamente a la chica en su cabeza, en el momento en que sus labios se separaron del húmedo cristal y sus ojos la miraron de reojo, entrecerrados, pues sus párpados habían descendido fugazmente al notar el intenso pero placentero sabor del líquido frío.

¿Bailas conmigo? —le dijo de repente de forma espontánea a la chica, incorporándose para ofrecerle su mano enfatizando un poco más su sonrisa— Prometo devolvértela sana y salva en unos minutos.

Le aseguró al otro hombre que estaba hablando antes con ella como si fuera el padre de la muchacha, volviendo la cara fugazmente hacia él sin borrar la sonrisa y sin bajar la mano a la espera de que ella le diera una respuesta.


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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Vie Jul 19, 2013 4:20 am

Cuando terminé de soltar la retaila de cosas que había pensado en un instante para contestar al misterioso joven esperé, moviendo nerviosamente los dedos y con la mente en blanco como si de ese modo, si este pensaba algo me llegaría como algo natural, como un pensamiento que se escapara por el aire y se implantara en mi.

"Creo que eso fue pretencioso, has hablado con demasiada facilidad y sinceridad, quizás ni tan siquiera él sea consciente de lo que pasa, quizás solo ha conseguido "caer" pero ha estado tan solo que no sabe en que se ha convertido".

Entonces, la duda llegó a mi cabeza haciendo que mis ojos se abrieran un poco más sobresaltados al ver que quizás mis pasos no andaban tan desencaminados como en un principio habría podido esperar. El recibirlo de ese modo me hizo pensar que realmente era un pensamiento enviado de manera involuntaria, algo que denotaba también la falta de uso y conocimiento de lo que era capaz, aunque no es que yo lo usara demasiado. De hecho, en mucho tiempo era la primera vez que parecía haber tantos como nosotros juntos en un mismo lugar.

A continuación, empezó a hablar de poesía y historias de teatro, de amor imposible y muertes fatales, "Porque aunque solo hables del drama al final los dos acaban muertos... eso no es un final feliz precisamente". le dejé continuar hasta que hubo terminado con su exposición para poder contestarle.

- Esto... - Dudó como contestarle, porque no se realmente como había querido expresarlo ni con que fin - Si nos centramos en que son familias contrarias, si algo así. Pero te habría servido como ejemplo una típica película de mafias ya que, aunque yo hablo contigo no creo que nuestro acercamiento salga más allá de estas cuatro paredes - Quise no sonar demasiado tajante, quizás el joven mereciera una oportunidad - No creo que eso sea... ¿Sabes lo que eres no? - Sabía que estaba evitando la conversación de un modo obvio, pero si no era consciente del bando al que pertenecía quizás no fuera nada útil seguir por ahí y tendría que hacer las preguntas correctas para empezar desde el punto en el que él se encontrara.

De repente una nueva oleada de pensamientos llegó hasta mi, haciendo que perdiera el hilo de la conversación en la que estaba, evadiéndome completamente de aquello en lo que me encontraba. ¿Qué era eso? una... "proposición"

No, era evidente que no era eso porque la proposición vino a continuación, en forma de petición de baile. Y después... ¿Estaba pidiendo permiso a Israel? Quizás le había tomado por mi padre o algo así. Contemplé su delgada mano ofreciéndose para que la tomara y quizás por un momento, solo por un instante, estuve a punto de hacerlo. Creo que incluso mis manos se movieron ligeramente para aceptar la proposición, pero al final mi sentido común venció a mi mente humana que anhelaba socializar y negué con la cabeza.

- No puedo bailar contigo, creo que no sería moral dado nuestras condiciones opuestas. Aquellos que son como yo no están aquí para disfrutar y dejarse llevar por los instintos, estamos para intentar acompañar a aquellos que están perdidos y enseñarles que hay otro camino por el que ir. Además, estoy esperando a alguien - Dije oteando por detrás del hombro del chico en mi incesable búsqueda de Eva, la que no aparecía por ningún lado.

- Perdona, sé que ha sonado quizás un poco borde y no merecías eso - me había sentido mal casi al instante después de haber terminado de decir la frase, me mordí el labio tomando quizás una decisión de la que me arrepentiría más tarde - Vamos, no creo que me pase nada por un baile, pero las manos donde pueda verlas - Bromeé adelantándome a él y entrando en la pista aunque mis intenciones no eran otras que seguir buscando y buscando... incesablemente.
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Fon Lattener
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Sáb Ago 03, 2013 6:01 am


Prefiero el teatro, suele ser más fiel a la realidad que el cine —le respondió ante aquel ejemplo sobre las mafias, casi le sonaba a esas diferencias clasistas tan extremas que había antaño y que, actualmente no estaban del todo erradicadas.

Ella aun así seguía poniendo muros entre los dos de una forma tan natural que resultaba inquietante, ¿tan problemático era el que fueran diferentes? ¿O es que entre criaturas “evolucionadas” también había cierto grado de racismo como entre los humanos desde siempre? Quizás influyera más que eso el pensamiento visiblemente religioso de la chica si recordaba los términos utilizados para referirse a cada uno. Ángeles y demonios. Sonaba tan… moralmente humano.

¿El judío en la Alemania nazi? —le respondió con leve sorna enmascarada en humor negro alzando una ceja porque irónicamente se le hizo muy similar la situación. Ningún nazi se paraba a pensar en individuos por separado, generalizaban. Y quien no lo hacía, aun así tenía que obedecer y seguir haciendo las atrocidades que hicieron en su día para no ser considerados traidores.

¿Era eso lo que ella temía? ¿Acabar también en el campo de concentración?

Aquella mujer se le empezó a hacer más interesante aún.

Pero cambiar la mentalidad de la gente no era problema suyo, por lo que por el momento ese tema lo dejaría lo suficientemente en el aire como para conseguir al menos un baile y una conversación un poco más alejada de oídos ajenos.

Igual no le era inútil del todo que fuese un tanto radical con ese pensamiento de salvación de la humanidad después de todo…

La sorprendió aunque, ¿por qué? Pensaba que había sido bastante obvio en sus intentos de socializar y acercarse a ella, igual es que tenía una mente demasiado puritana o poco ego como para pensar que no pudiera despertar el interés de alguien. ¿Pensaba acaso que intentaba ligar con ella?

Su mano no descendió ni se apartó en momento alguno a pesar del rechazo inicial a su proposición. Ella quería. Pero ese muro que nombraba como moralidad le impedía dejarse llevar. A pesar de su excusa, Fon siguió sin entenderlo. ¿Qué había de malo? ¿Acaso no era una buena estrategia el “distraer” a un “demonio” para evitar que éste hiciera lo que supuestamente debía de hacer él con los demás para desagradarla?

Sin embargo, aquella insistencia de nuevo en la búsqueda de alguien le hizo plantearse a Fon que quizás eso tenía más que ver con los muros que su propia moral en sí.

Fon no dijo nada, no hacía falta ni inmutarse. Se retractó de sus propias palabras tan rápido como lo hubo hecho antes y el neoyorkino se limitó a ladear la cabeza un poco, escuchándola y observando sus ojos castaños con atención. Sí, eran más bonitos que azules y refulgentes, sin duda.

Sus pómulos se alzaron y realzaron lo rasgado de sus ojos en el momento en que sus comisuras se alargaron y sonrió. Esa simple muestra de expresión que tanto le costaba a Fon que le saliese de forma espontánea habitualmente pero esta vez, tocaba ser cortés y mostrar una emoción a ojos ajenos. Enseñarle que un acto obtenía una “recompensa”. Así era como funcionaba el ser humano, inclusive el altruismo.

La felicidad de otros no dejaba de ser un pago y, a día de hoy, Fon quería tener saldadas todas sus deudas.

Tú mandas —respondió divertido, mostrándole las palmas de las manos alzadas a la altura de sus hombros, antes de irse tras ella y mirar de reojo al tipo que la acompañaba para enseguida dejarlo atrás.

“No vas a bailar, solo vas a buscar en otra parte”


Fue enseguida lo que pensó Fon al ver el repentino cambio de actitud de la muchacha que ya estaba en la pista de baile una vez que él también hizo acto de presencia en el sitio. Si quisiera bailar, le habría tomado la mano. Y si él quisiera más que bailar, no la habría tomado de las manos al acercarse a ella por la espalda.

Si me las sujetas, estarán siempre donde tú quieras —le aclaró cerca de su oído mientras movía rítmico el cuerpo a la espalda de la muchacha sin soltar sus manos pero tampoco teniéndola apresada de forma que no se pudiera liberar.




“No alces la voz”



Empezó a susurrar en su mente de nuevo, haciéndole aquella petición. Ya la había visto hablar muy a la ligera de la condición de ambos, pero por experiencia propia sabía que eso no garantizaba la confidencialidad de las palabras que quería que quedasen entre ellos al conversar ahora de ese peculiar modo en que solo ambos se oirían.




“Si es cierto lo que he oído sobre los ángeles, necesito tu ayuda”



Quizás podría resultar ilógico que le dijera algo como eso después de la reticencia que ella mostraba por lo que él era a sus ojos pero después de tanta ficción sobre guerras entre ángeles y demonios, ¿por qué no se sentía amenazado por ella? ¿Por qué ni la chica ni su acompañante le habían atacado de algún modo?

¿Era el lugar o eran ellos los que evitaban confrontaciones que, a su entender, eran absurdas por el momento?


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Samantha Rober
Ángel
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MensajeTema: Re: La Larga Velada [Libre]   Sáb Ago 10, 2013 7:16 pm

Rodó los ojos cuando hizo la comparación con la Alemania nazi y en cierto modo sintió algo de enfado ante tal comparación. Nosotros no distinguíamos a unos de otros es más, eran ellos los que se esforzaban por hacer el mal y llevarse por delante a quien fuera. Si eligiéramos semejante ejemplo está claro quienes serían los nazis...

La búsqueda volvió a carecer de frutos y el camino hasta el centro de la pista fue algo corto, o quizás solo lo pareció. Intentó relajarse, dejarse llevar por el sonido rítmico que acariciaba sus tímpanos, era una música sensual, de mover las caderas y apartarse el pelo cerrando los ojos, de sentir el calor de otro cuerpo cercano a ti, abrazándote... Eva había conseguido que dejar al cuello libre de refugio pudiera hacerla perder la cordura así que intentó mantenerlo protegido aun habiendo comenzado a bailar.

Notó unas manos que la abrazaban por detrás y por un momento su ilusión se disparó, pensando que quizás fuera ella, que la hubiera estado observando todo el rato desde lo alto de su reino y cuando lo había creído oportuno se había dignado a bajar a codearse con los humanos normales, y que los había apartado todos hasta llegar hasta ella.

Pero el sonido de la voz del Demonio la sacó de su ensimismamiento, haciendo que el anhelo y la alegría pasaran a ser un enfado de proporciones épicas ¿Qué se había creído?

Uso toda su fuerza para separar las manos y salir de su margen de agarre, para enfrentar su mirada, mientras los pensamientos que este le había transmitido aún corrían por su cabeza ¿Qué no alce la voz? Pero que... Era más indignación que enfado, se dio cuenta. Era un castigo a si misma por haber pensado en que la unión de ambos mundos era posible si los dos estaban de acuerdo, pero estaba claro que con Demonios no se podía dejar eso al azar, intentarían tomar el control...

Aunque la frase de la ayuda le llegó también, y la confundió en cierta manera. Estaba llamando a su instinto primario humilde, pero había cosas que dejar claras además de que toda petición después de lo que había hecho estaba manchado.

Colocó los brazos en jarra mientras volvía a controlar la distancia que les separaba - Creía haberme explicado bien cuando había dicho que las manos donde pudiera verlas. Quizás es que no has entendido que si yo hacía concesiones como para dejarte acercarte a mi tu tendrías que acceder a mis peticiones ¿Acaso no lo entiendes como yo? - El rostro se le había enrojecido ligeramente a causa del enfado - Además viendo la actitud que tienes creo que la ayuda que necesita la proporcionan en Off-strip y hay chicas que se dedican a ello a cambio de dinero, son unas pobres almas perdidas como tú, pero al menos ellas lo hacen porque no tienen que llevarse a la boca, no por la maldad que os mueve a todos vosotros.

Se había formado un pequeño corro alrededor de ellos ante la altura con la que Samantha hablaba, no le importaba llamar la atención de aquellos que estaban en ese lugar, no iba a ocultar su indignación, si quedaba algo de humano en aquel ser, estaba llamando a las puertas directamente de su vergüenza.
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