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 Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]

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Samantha Rober
Ángel
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Mensajes : 55
Fecha de inscripción : 15/06/2013

MensajeTema: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Jue Jul 11, 2013 10:50 am

Palacio de la Música (Parte trasera del hotel Casino Palazzo)

Las Vegas (nevada)
8:15 pm

Era invierno, el suelo de Las Vegas estaba cubierto por una fina capa de nieve blanca, impoluta, casta. Saboteada en parte por la calzada y las ruedas de los coches que abrían en canal las venas de tan bella visión.

Hacía frio, las temperaturas caían mucho por las noches, pensé en Nevada como estado y me descubrí riendo como una estúpida en mitad de la calle por la paradoja de que el suelo también estuviera "Nevado". Mientras, cerraba con ainco el chaquetón largo, de color gris, que me había dejado mi compañera de piso y que me cubría hasta las rodillas. Aún así no pude evitar que el frio calara por debajo del mismo.

- ¿Porqué me habré puesto vestido? - Pensé interiormente mientras el aire que salía de mi boca se condensaba formando pequeñas nubes delante mía que ascendían y se perdían en el cielo de la ciudad.

Había intentado ponerme más guapa aquella noche, bueno... todo incentivado porque había quedado con un chico a los cuales hacía de "guía", este se lo había pedido formalmente. Además su invitación era a un concierto de música clásica, algo que me encantaba... - Aunque quizás haya tenido ayuda... - Había dicho a mi compañera de piso horas antes de salir, sabiendo que había un soplo de gustos en esa decisión tan inesperada. También había contribuido (Seguramente a modo de disculpa) con la ropa que debía ponerse. En su armario solo había ropa formal, para el trabajo y ropa informal, para cuando no estaba en el trabajo. Así que la opción de "fiesta" no entraba en los planes de su contenedor de ropa. Llevaba un vestido blanco, ajustado de pecho y cintura pero que al pasar esta ultima se abría con volantes que oscilaban arriba y abajo tapando hasta un poco por encima de las rodillas - Estás rompedora Sammy - Le dijo su compañera mientras con suavidad le cepillaba el pelo que caía hasta sus hombros suelto. No me encontraba cómoda con los vestidos, sentía que si caminaba muy rápido, se la vería todo; si no tenía cuidado al sentarse, se la vería todo; y si subía por una escalera... no había necesidad de explayarse en la explicación.

A la hora indicada el joven hizo aparición. Vino caminando, habían quedado en un lugar cercano al edificio donde se desarrollaba el concierto por lo que no había necesidad de coches.

Charlarmos un rato mientras caminábamos hacia el casino que se erigía delante de ellos como una torre que juega a tocar el cielo con sus tejados. En algún momento vi la intención de tomarme de la mano, precedido de un ligera roce de sus dedos sobre el dorso de la mía, pero me esforzaba por mantener las distancias, no quería que se pensara algo que no era.

Siendo sinceros, el chico era guapo: Alto, esbelto, moreno de pelo bien peinado y ojos azules. No pude evitar recordar las palabras de mi madre en el momento que nuestras miradas se cruzaron "Nunca confíes en los chicos de ojos claros..." Siempre la decía. Y en cierto modo la frase se le había grabado, quizás demasiado dentro.

No eran los únicos que iban al concierto, evidentemente. En la puerta se congregaba la gente que estaba ansiosa por entrar. Las puertas eran enormes, de una altura de más de 3 metros. Completamente todas de cristal, con los tiradores dorados y un par de camareros a modo de bienvenida, a cada lado. Por el suelo se extendía una alfombra roja que salía desde dentro y finalizaba su trayecto ligeramente entrada la calzada por donde paraban las limusinas y bajaba algún que otro famoso.

El chico me extendió una entrada acompañada de una sonrisa que estuve encantada de corresponder antes de tomarla y echarla un vistazo con mis propios ojos. EVA simplemente ponía en la entrada, acompañado de un violonchelo  y una mirada castaña que parecía penetrarte aún solo impresa en un papel.

La entregue cuando me la solicitaron y entramos en el lugar. Había infinidad de butacas y también de terrazas para la gente más pudiente. Todo estaba cubierto de un terciopelo rojo con bordados, haciendo consonancia con el telón que caía hasta el suelo y escondía aquello que había detrás.

Permití que me tomara de la mano para que me guiara entre las mismas hasta nuestros asientos. Y comprobé, con gozo, que estábamos en la primera fila, justo detrás de donde el director de orquesta se coloca para guiar la música con sus manos y deleitar a los presentes con las caricias armónicas. Recogí con cuidado mi vestido y me senté, cruzando las piernas casi al instante.

Pronto las luces comenzaron a atenuarse, poco a poco a oscurecerse del todo hasta quedarse sin brillo, hasta que la oscuridad se hizo dueña del lugar, solo rivalizando con un pequeño foco que enfocaba el telón que se iba levantando a un ritmo casi lastimero.

El escenario era completamente neutro. No había nada más que la madera del suelo, la tela colgando que ascendía en sus últimos tramos, una silla y un violonchelo apoyado sobre ella. La gente permaneció callada, a la espera... Unos instantes después el sonido de unos tacones golpeando el suelo inundó la sala y... apareció.

Caminaba con la mirada fija en el instrumento, sin ni tan siquiera observar por el rabillo del ojo a todo el mundo que le miraba con expectación. Su manera de andar era segura, firme. Vestía también un vestido blanco, pero el suyo era más formal, de un corte elegante. La cubría hasta casi los tobillos, marcando sus curvas, sin mangas y carente de escote.

Se sentó suavemente y acarició el instrumento mostrando en su rostro la satisfacción del resbalar de sus dedos sobre la madera perfectamente tallada de el. La sala quedó completamente en silencio a la vez que la varilla hacía vibrar las cuerdas y generar ese sonido que rápidamente alcanza tu alma... Parece experimentada, no usa ningún movimiento que no sea necesario, no yerra en ninguna de las notas. Disfruta con la música, acompañando con la cabeza cada movimiento del arco, con el pelo contoneándose ligeramente al compás, los ojos cerrados y los labios entreabiertos color rosado, flojo pero lo suficiente para saber que estaban pintados.

No pudo evitar que la música tocara su corazón y las lágrimas brotaran de sus ojos, jóvenes e impresionables. Siguió cada movimiento, cada suspiro, sintió que esa mujer, Eva, podía conmover hasta el alma más dura con cada acorde que sus dedos hacían estallar en el chelo.

El concierto se la hizo corto, como un susurro que solo dura mientras es alimentado por el aire de los pulmones... La sala estalló en aplausos a la vez. Y, en ese momento, Eva alzó la mirada, clavando sus ojos castaños en la sala, punzando su alma como si de dos alfileres se trataran... creo que jamás olvidaré esa primera mirada. Aunque, como muchas otras cosas, quizás solo hubiera existido en su imaginación.

Abandonó el escenario del mismo modo que había llegado hasta el, con su paso seguro y firme, pero ahora... su pelo se había desprendido ligeramente por el concierto y amenazaba con desvanecer su tan cuidado recogido.

Iban a marcharse, salir de allí. Aunque en mi ser todo clamaba por salir de la multitud y buscar entre los camerinos, encontrar a Eva y expresarle todo lo que me había hecho sentir en ese concierto... Alguien de ahí arriba seguro que le escuchó...

Les dieron paso a una fiesta "privada" en la cual podría tomar un aperitivo y un refrigerio. El chico se despidió, seguramente no demasiado conforme con el rumbo que había tomado la noche, sintiéndose ligeramente ignorado. Alegó, en su defensa, que su avión salía pronto a la mañana siguiente y que debía descansar. Realmente fue una cita fugaz, finalizada con un gracias y un "espero volver a verte"

Pasé a la sala llena de gente, algo avergonzada, deslumbrada por la luz que allí había... sintiendo el corazón en un puño mientras caminaba a pasos cortos mirando a todos los lados.
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Sáb Jul 13, 2013 6:51 am


A oscuras, el reflejo sombrío en el espejo era la música, vibrando en su interior. La oía, muy dentro, antes de acariciarla. Recorría sus sentidos, uno a uno, acelerando sus latidos. Siempre empezaba así.

A solas. En esa oscuridad, dentro del camerino. Oyéndola. La melodía la acompañaba, siempre, parte de su interior. Un eco en su memoria. Parte de su conciencia. Esa voz... tal vez, Dios.

Se miraba a los ojos en ese espejo, turbio, en la penumbra. Veía ese brillo, vivo, joven y emocionado, núbil. Real. Esa era ella, mirándose al espejo. Reflejando la música. La melodía que aún no sonaba. Que sólo existía aún en su cabeza.

Respiró hondo hasta llenar el pecho en el espejo. El blanco del vestido parecía desafiar la oscuridad, tan lívido y perfecto. Como una novia, virgen y vulnerable. Como la muerte. Como la suave escarcha... fría.

Observó su cabello, recogido. La misma rectitud que envolvía su figura en sedas sobrias y elegantes. Porque ella, toda ella, su cuerpo y su presencia, no eran el espectáculo.

Ella... era un ángel. La voz de un Dios lejano que acariciaba susurrando. Un simple mensajero, blanco y puro, traduciendo un amor inmortal, inmenso e infinito.

Paz. Paz en la música. Ilusión. Esperanza. Emoción. En bruto. Tan intenso y suave... Contradictoriamente dulce. La música, tan bella, que cobra aliento y vida.

Sonrió. Apenas un milímetro. Concentrada y dispuesta. Servil, entregada a ese sueño y a ese único compás. Etérea. Como una rosa blanca, sin espinas. Un edelweiss en la montaña.

Sus pasos no se oyeron mientras dejaba su refugio para encarar la luz. El telón, rojo, se le antojaba un vientre que la haría renacer. El terciopelo abrazó su figura en un constraste estético, completo, blanco y corinto sobre el brillo caoba. Avanzó muy despacio, muy segura. Ya no era ella. Ya no era nadie. Sólo la música.

Su rostro ahora sereno, ausente, contuvo la emoción y el estremecimiento de sus manos al sentir aquel tacto, cálido, conocido. Cerró los ojos y dejó que fluyera. Que su chelo narrará su pasado entre sus dedos, mientras su vida, como una sucesión de fotogramas, se abría ante ella en esa oscuridad mental que sólo ansiaba música.

Ráfagas hechas notas e imágenes acudieron como gotas de lluvia, mojando sus recuerdos. Las primeras caricias, torpes, ansiosas, del arco entre sus dedos. Las primeras canciones... tan clásicas, potentes. La hermosura simétrica renacentista, la fuerza del barroco, la intensidad de sus latidos con Haendel...

Se vió a sí misma, desde todos los ángulos, desde todos los tiempos, tocando el instrumento. Disfrutaba ese don especialmente. La muda comunicación con los objetos. El milagro escondido en momentos secretos, observados a hurtadillas, como un espectador en primera persona. Sintió sus ojos húmedos, a pesar de los párpados cerrados.

Aquella era su historia. Su vida. Era su despertar y era su infancia. Era ella misma, diluída. Era su propia música. Su halo, invisible. Su propia esencia existencial y todas sus razones y promesas.

Tembló, sumisa, aceptando el último sabor de sus recuerdos. Abrió los ojos. Recorrió aquella sala aún en silencio. Y así, sin más, tomó su asiento y celebró la música con todos. Amando. Amando cada nota y a cada espectador. Derramándose con cada roce de sus dedos. Dándose a todos. Siendo las ondas, replicadas, haciendo de su esencia aire y sonido.

Porque así, con el chelo, ella era el beso en esa lluvia... Era la expectación y la ingenua inocencia. Ilusión infantil que ama sin miedos. Sirena que se entrega y no promete.

Cuando la melodía cesó, lloraba dentro. Su cuerpo era un mensaje, interpretado. Pasión en sus latidos y en sus músculos. Movimientos concisos. Palabras que los labios guardan dentro. Se sintió devastada... y más viva que nunca. El oleaje de las notas aún recorría su pecho y sus entrañas. Su mirada era acuosa e inquietante. Profunda y vaga al mismo tiempo, con las pupilas ensanchadas y los iris de miel muy encendidos. Un ligero rubor se apoderó de sus mejillas, coloreadas ante el misterio compartido. Cómplice. Confidente.

Dejó la sala del mismo modo anónimo y solemne. Guardó su mudo "gracias" dentro de su garganta, conmovida, y atravesó aquel velo color vino hasta ser nuevamente solo ella.

Se apoyó en la pared, aún vulnerable, buscando en el silencio su propia identidad, desnuda. Pasó sus manos, trémulas, y acarició la porción de su pecho oculta tras el blanco que latía desatada.

Y después, lentamente, recobró la templanza y escuchó el estallar de los aplausos hasta dejar de ser. Y así, entre aplausos latentes, se adentró en aquel patio reservado donde los ojos la observaban.

Unos meses atrás todas aquellas atenciones atravesaban sus barreras, amedrentándola. Pero ahora, envuelta entre las multitudes era capaz de amar, sin nombres. Amar a todos ellos, sin reservas, aceptando sus voces y preguntas. Dándose nuevamente, ahora sin chelo.

Como el cisne que al verse reflejado entre las aguas no se siente especial, o entiende que lo único especial es el vasto universo. Como una pieza más. Una semi corchea que no quiere ser blanca. Y sólo es, suspendida. Una clave de sol que guía los pentagramas, sin orgullo.
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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Jue Jul 18, 2013 4:13 am

Caminaba entre la gente como un niño que se ha perdido, buscando a su madre. Era muy vergonzosa, de no ser por ese arrebato puntual jamás habría tomado aquella decisión: Meterse, sola, en un local lleno de desconocidos. En una ciudad que distaba mucho de sentirse como suya...

Odiaba el juego y todo lo que el conllevaba, el desmesurado gasto de dinero, la perdición en el alcohol, los bajos fondos... Desde que comencé a ejercer como guía he visto romperse más parejas de las que he conocido felices alguna vez.

Un camarero se acercó hasta mi, me ofreció una copa, la rechacé con una sonrisas mientras mi mirada buscaba entre los cabellos, entre las espaldas y las risas, las voces y el sonido de las copas al chocar en mitad del aire. Las notas aún resonaban en mi cabeza, suaves, lastimosas... los dedos le indicaban como debían sonar, a que frecuencia debían vibrar y en consecuencia hacer sentir a nosotros, deleitarnos.

El estruendo provocado por la lluvia de aplausos me sacó de mi ensimismamiento temporal, de mi vacío mental en el que solo cabía la clave de sol. La puerta se había abierto a mis espaldas y Eva había hecho su aparición en la sala. Así, caminando entre la gente, casi parecía real, casi podía sentir que si alargaba la mano podría tocarla.

Me aparté para que pudiera seguir su camino, me apoyé en un sofá que quedó detrás de mi y esperé. El fluir de ideas y situaciones se iban generando en mi cabeza. Quería acercarme a ella, pero claramente era el centro de atención de la sala "¡¡Es su fiesta Sammy!! ¿Qué esperabas?" Me descubrí autoregañandome a mi misma por no haber caído en eso al quedarme "Ahora te tocará volver andando a casa... podíais haber compartido taxi y estar ya tranquilamente en tu cama durmiendo. Tienes demasiados pájaros en la cabeza" Seguí diciéndome a mi misma.

Casi igual de impulsivamente como llegué, salí andando hacia el baño a arreglarme un poco y marcharme de allí a casa, a descansar que mañana también me tocaba trabajar.

Al llegar a la puerta una mujer salía, me cedió el paso y se lo acepté de buen grado. Era un baño enorme, como jamás había visto. Tenía 5 lavabos en hilera y unos tantos urinarios cerrados. todo era mármol y lujo, hasta los tiradores de los grifos parecían estar hechos con oro. Casi me daba miedo tocarlos, seguramente un grifo de esos valiera más de lo que ganaba yo en un par de meses. Dejé el bolso sobre la encimera y lo abrí con suavidad dejando fluir el agua cristalina que se perdía instantes después en el fondo y oscuro desagüe. Saqué el pintalabios y el lápiz de ojos realmente para aparentar que era lo que quería hacer aunque la realidad es que no quería irme de allí, estaba haciendo tiempo.

Me mojé las manos en el agua fría y aparté mi pelo para poder pasarlas con suavidad y aliviar la pesadez que se me estaba poniendo en todo el cuerpo "Tonta" Me dije a mi misma intentando sumergirme en mis propios ojos, ver más allá de ellos intentar alcanzar algún sentimiento más allá de la vergüenza ¿Valor quizás? eso hacía tiempo que había dejado de tener.

Pinté los labios un poco más resultones, reparando los defectos que el tiempo y la saliva descuidada hacían sobre la pintura y alargué unos milímetros la raya que surgía del contorno de mis ojos y parpadeaba como una estúpida frente al espejo sin percatarme de que no estaba sola y la señora de 50 años me miraba raro.

Recogí las cosas en el bolso otra vez y lo cerré, a continuación salí del baño bajando las escaleras con la mirada puesta en la puerta de salida. Pero no todo podía ser tan fácil, la soledad de Eva cerca de una de las mesas llamó mi atención "Es ahora o nunca Sammy".

Pasó un camarero y, ante su mirada sorprendida, cogí una copa y la agoté en mi garganta de una vez para luego dejársela vacía de nuevo sobre la bandeja que llevaba. Sujeté el bolso y me aventuré hacia lo desconocido.

Notaba como cada paso que daba la valentía se iba agotando, escapándose entre mis dedos hasta que, al estar a poco más de 2 metros, me detuve en seco. "Ya has llegado hasta aquí, no puedes echarte atrás ahora" . Me mordí el labio a la vez que daba los pasos que restaban.

- Buenas noches - La voz sonó fría, metálica y sobre todo nerviosa - No quería molestarla -"Mierda, seguro que la molesto" - No la quitaré mucho tiempo, solo quería conocerla en persona - "Te toca mover...¿Será un jaque mate?"
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Jue Jul 18, 2013 5:45 am

La soledad es un refugio si eres tú quien la busca y la desea. Una plegaria muda donde el silencio abriga y eres capaz de oírte. Como un lecho de blancos, dónde cerrar los ojos. Es especial, inverosímil. Porque a solas, te sientes a ti mismo. Cuando la soledad es dulce y no da miedo se vuelve dócil, blanda, como el hogar de un caracol que va contigo a todas partes.

Eva sonreía, en esa soledad en medio de la gente que sientes sólo a veces. Unas en paz, otras lleno de angustia, siendo casi invisible. Para Eva, ahora serena, su propia compañía era sencilla y suficiente mientras se permitía observar. Como un testigo que es fascinado por la historia que cuentan los pequeños detalles. La dignidad estoica de un anciano, la sonrisa sutil de una mujer que acaricia su anillo recordando, el tono de voz neutro de una conversación que habla de música. Sus invitados, clientes en realidad, espectadores, la dejaban espacio, comprendiendo. O tal vez, había robado a aquella estancia en un momento dado el brillo que arrojaba su persona.

Puede que fuera el uso de uno de sus recientes... dones, respondiendo a su súplica, al deseo, permitiendo ser sólo anonimato. Ser sólo el eco de la música que ya había interpretado y deslizarse entre su público, suave, como el agua de lluvia. Contemplaba todas las expresiones, paseaba entre ellos como un niño que aprende, ahogando la curiosidad en cada yema de sus dedos, deseando conocer esas pieles distintas y ser capaz de amarlas con su tacto. Después, uno ya con la sala, dejó de deambular como la mariposa que delicadamente posa sus ilusiones.

Y así, despacio, en su quietud, su atención captó la lucha interna de esa joven. Su anhelo y su vergüenza, tímida, la ingenua admiración, las emociones despertadas... por su mano. Y de algún modo esa certeza reverberó en su pecho, replicándose. Y sintió suya la vergüenza, toda la timidez, la admiración ilusa. Porque esa joven, ante ella, tenía un corazón blanco y era capaz de oírla. De dejarse invadir cuando tocaba. Porque esa joven, ahora, la veía, adentrándose en ella como una melodía.

Negó, tiñendo su semblante de empatía, aceptación. Nerviosa incluso, presa de esa modestia compartida. Sus manos, como siempre, hablaron mucho antes que su boca, diciendo con la punta de los dedos lo que sus labios y palabras no podían. No por entero... no tan cierto. Hay cosas que es mejor sentir...

Lentamente llevó su diestra hasta el mentón, cohibido y juvenil, acariciándolo, acunando su rostro entre los dedos, como lo haría una madre. Un amante tal vez. Un alma cómplice que sabe verte, entero.

- Shss...mi niña, tú ya me has conocido. Me has oído en cada nota.

Sonrió, tan vulnerable como su afirmación, sintiéndose desnuda desde dentro, y a la vez abrazada, aceptada también, en un arrullo mutuo. Retiró su mano con la misma levedad, sin mácula, no sin cierto temblor emocionado. El halo de la joven era intenso. Su candor palpitaba aún en su piel.

- Me llamo Eva. Y yo también quisiera conocerte.

Oírse a sí misma hizo el deseo más cierto, más completo. Un ligero rubor la recorrió, naciendo en sus mejillas. Sintiéndose atrevida, tal vez inexplicable, dudando de los límites cruzados. Y sin embargo... daba igual. Hay almas, corazones, que nunca son desconocidos.

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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Vie Jul 19, 2013 9:51 am

Nunca pensé que unos simples metros podían hacerse tan largos... y unas palabras podían hacer que todo tuviera sentido, que un corazón se parara al instante o que una lagrima brotara de la más dura de las personalidades... Cuando esos ojos se fijaron en mi fue como si por un instante me quedara sorda, muda y prácticamente ciega, pues más allá de ellos no veía más que oscuridad.

Su voz sonaba aún más dulce que su música, suave, melódica, hipnotizadora... Me ruboricé, sintiendo un calor dulce en las mejillas y como el vello se erizaba en mis brazos produciéndome un pequeño escalofrío. Aparté la mirada, bajándola al suelo ya que mi rubor hacía gala de mi timidez y sobre todo de lo que haber hecho suponía para mí, lo que la joven chelista me imponía, lo que habían significado sus notas cuando las compartió con todos los que la mirábamos.

Sus dedos se posaron en mi mentón, haciéndome retomar el cruce de miradas. Era un tacto suave un empujón sin fuerza, sin obligación. Realmente no tenía necesidad de ello pues levanté la mirada al sentirlo contra mí, pero no huía de su roce más bien quería acompañarlo de lo avellanado de su mirada, el embriagar de sus ojos.

Su siguiente palabra hizo que mis labios se entreabrieran como dejando escapar las palabras que seguirían a lo que ella había dicho y el ligero rubor que amaneció en sus mejillas no hizo más que acrecentar el nudo en mi garganta, arrastrando el aire fuera, vacío...

Noté como su contacto también se alejaba, dejándome desnuda en el alma después de ser la culpable de haberme arrebatado la ropa, "Solo tienes que contestar sus palabras, has venido para eso. Ármate de valor, ella también quería conocerte". Pero no podía si la miraba, agache los ojos otra vez, a mis manos enredadas la una en la otra, un gesto que hacía desde que era pequeña cada vez que estaba nerviosa.

- Samantha... - Conseguí articular mientras notaba como la saliva se me revolvía y intentaba atragantarse en mi garganta con las palabras - Es halagador que deseara conocerme también usted, en el fondo solo soy la típica chica de la primera fila que escucha con emoción las palabras que transmite la música y se emociona con ellas - Había cogido carrerilla y ahora no podía parar - Debo decirle que jamás nadie me había transmitido tanto con un Violonchelo como lo has hecho tú esta noche -"¿Te atreves a tutearla?¿Estás loca?" El rubor se acrecienta y siento como quiero hacerme un ovillo y desaparecer pero solo doy un paso atrás sintiendo que el calor de mi nerviosismo va a acabar conmigo - Perdón... me tomo demasiadas confianzas... no quería ser maleducada - Justo un segundo después pasa un camarero con más champan, no pierdo un segundo y tomo otra copa bebiendo al instante su contenido y depositándola de nuevo en la bandeja, sintiendo como con el alcohol, la confianza volvía a mi - Estoy algo nerviosa - Terminé diciendo.
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Sáb Jul 20, 2013 6:35 am

A veces, Eva se sentía con ventaja. Al comprender tan bien los sentimientos, ser capaz de sentirlos como propios, entender por completo sensaciones, era tan fácil dialogar. Compartir. Abrirse a otros.

Ahora, junto a Samantha, pues su nombre tenía un sonido ya en su mente, se nutría de humildad, calidez e inocencia. Y era hermoso. Como un lecho de plumas, que acarician. La sonrisa de un Dios benevolente, que te llega en los rayos de sol.

Frente a ella, con su tacto aún entre los dedos, se sentía Primavera y ya no era de noche. Ella era luminosa, como si sus virtudes fueran contagiosas y ese mirar tan puro pudiera transmitirse. A su lado, ambas eran más jóvenes, más inexpertas y más dulces. Llenas de esa ilusión que habla de infancia, de sueños infinitos e imposibles. De vida por vivir.

Agradeció su don en el silencio, que duró apenas un segundo, mientras su acompañante derramaba palabras. El brillo del champán entre sus labios hizo a Eva sonreír.

En un impulso, tomó una de sus manos, decidida y cohibida a la vez, aceptando de antemano un posible rechazo, invitándola delicadamente. Sus ojos proyectaban ese brillo especial, lleno de ideas curiosas, juegos y adivinanzas. Como un duende que planea travesuras.

Sonrió para ella, sólo a ella, y entrelazó sus dedos, como dos niñas que deciden ser piratas. Se sentía aún llevada por la música, la melodía aún marcaba compases en su pecho.

- Tutéame, por favor. Dos amigas no guardan las distancias.

Sus labios ampliaron la sonrisa, y su muñeca trazó una trayectoria. Deseaba el aire fresco de la noche, la compañía de un alma íntegra, una conversación hasta el amanecer.

Conocer a esa joven en esa ciudad tan llena de contrastes, de luces y de sombras. Sentirse acompañada. Conocida. Encontrar un aliado, una voz en su mente, vocalista en esa interna melodía.

Algunos de los suyos, corazones alados, se sentían ante ella pequeños y apocados. Como si aquel instinto innato para "servir al bien", para "hacer lo correcto" fuera extraño. Forzado.

Para Eva simplemente era lo obvio. Natural. Como el niño que aprende y ejecuta, que sigue las lecciones, satisfecho. Que busca aprobación, cariño. Hija modelo que siempre cumple expectativas.

Deseaba... que alguien la amara como era. Que la admirasen sin temerla. Sin compararse, tan sólo compartiendo. Deseaba poder ser, sin sembrar miedos, sin el miedo a la envidia.

Ella era así, sin más. Deseando mejorar, crecer, avanzar siempre. Sin humillar a otros, tan sólo madurando, enriqueciéndose. Samantha le hacía sentir que era posible.

Que la veía. Que... existía. Que era capaz de verla, sus dotes y su música. Y aunque la impresionaba, no deseaba apartarse.

Se decidió, llena de anhelos, aceptando entre las emociones que sentía, suyas y de Samantha, esa necesidad de lazos, conexiones.

- ¿Salimos? Hay demasiada gente. ¿Huimos? Puede que así ninguna de las dos esté nerviosa.

Cómplice y revoltosa, su mirada le regaló un único guiño.
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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Dom Jul 21, 2013 6:20 am

Era imposible pensar que alguien pudiera transmitir tanta calma, tanta tranquilidad solo hablando, solo expresando aquello que querías escuchar, "¿Podría leer su mente acaso?¿Sería maga además de chelista?".

Como siempre estaba divagando en aquello que no debía cuando mi atención debía estar allí donde en ese momento estaba mi cuerpo. Mis dedos eran pequeñas espadas que peleaban mano contra mano mientras mis ojos buscaban calmar el nerviosismo de la situación, lo incomoda que me sentía al no saber como debía actuar, que debía decir.

Entonces fue cuando vi como los dedos de Eva se acercaban a los míos, como con la suavidad de una pluma de paloma se deslizaban entre los que me pertenecían, transmitiendo su aroma que ahora podía llegar hasta mi nariz, "Tan cerca... El rubor se convirtió en un rojo tirando hacia morado en mis mejillas al no tener más fuerza que mostrar. Debía separar las manos de su contacto, huir de ahí, olvidar aquello, pero mi cuerpo no reaccionaba, hipnotizado por el toque de un Ángel, "Metafóricamente hablando, todo el mundo sabía que los ángeles no existían".

"¿Amigas?". Jamás me habría atrevido a decir semejante relación en una conversación de dos frases, pero realmente me entendía y me hacía sentir como si estuviera en casa - Per...perdone -"Holy shit"- Perdona - Terminé diciendo enfrentando de nuevo su mirada, luchando por que su marrón no me obligara a apartar la mirada de nuevo.

El carmín de mi rostro se había reducido a dos motas en los alto de mis mejillas, como dos manzanas que florecen en lo alto del rostro y que poco a poco van madurando con las palabras.

Noté el giro de muñeca, un giro que implicaba movimiento, que le llevaría a otro lugar de la fiesta o quizás... "¿Fuera?¿Quería salir fuera con ella?" Mi vida interior comenzaba a fluir como siempre, "Quizás se siente tan bien contigo como tu lo haces con ella. ¿Estás tonta? eso es imposible, ella lo tiene todo y tú sin embargo eres una simple guía turístico que se emociona con su música o... quizás se sienta sola, ¿Pero como? Estamos rodeados completamente de gente que la idolatra, que beberían los vientos por ella. ¿Porqué yo?... y ¿Porqué no?" Deseaba con todas mis fuerzas no terminar esa conversación y seguir con aquella propuesta que acababa de hacer.

Me dejé arrastrar, como dos amigas que corretean por la calle intentando llegar juntas a los columpios pero siempre una tiene que tirar de la otra. Esquivamos gente que la miraba y que quería hablar con ella, copas y risas, camareros y luces. La noche de las Vegas nos acogió como a sus hijas predilectas, con su abrazo de luces y con la suavidad de una brisa filtrada entre esquinas y susurros.

- Gracias, yo también agradezco salir de allí. Los grupos tan grandes de personas me ponen nerviosa - Confesé mientras, inconscientemente apretaba un poco más los dedos entorno a los de mi compañera, una presión suave, apenas palpable pero a la vez tan... gratificante - Pero quizás te busquen, al fin y al cabo, era tu fiesta.

- ¿Porqué te siento tan cerca? - Al instante abrí los ojos, sorprendida ante mi propio comentario, tan... espontaneo - Perdona, solo estoy nerviosa, no soy un bicho raro. Te lo prometo - Acabé diciendo con la sonrisa avergonzada de la que estaba haciendo gala la mayoría del tiempo.
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Mar Jul 23, 2013 6:14 am


Bajo la oscuridad, a cielo abierto, cobijada en la noche, Eva se sentía libre. Tal vez... tan sólo menos "Eva". Esa "Eva". La persona que otros necesitaban y ella se había obligado a ser.

El cúmulo de expectativas y emociones, abierto siempre a otros. Siempre ofreciendo partes de sí misma. Y después... ¿Qué quedaba? Si las necesidades de otros te definen, ¿qué eres tú?

¿Una sola respuesta? ¿Amor o nadie? Los años, meses, días, que Eva había sido un ángel habían ido sembrando aquellas dudas, mudas, pero insistentes. Como si aquellas alas fueran en cierto modo un velo. Una máscara blanca. Y debajo, más dentro, una segunda piel que apenas sentía suya, latía aún como una humana.

Todo emociones, todo impulso. Todo... ¿necesidades? ¿propias?

Negó, dejando atrás sus pensamientos, feliz ante el contacto de esa mano enlazada. Porque hoy ya no era el cisne. Hoy era una persona. Abandonaba el escenario y ese lecho de nubes e inconsciencia dónde todos vertemos nuestros rezos, paralelismo etéreo dónde los deseos nacen y van tomando forma.

Buscó esos ojos, deseando reflejarse. Deseando ser, y ser a solas. Como si tener nombre propio en esos labios fuera cuestión de vida o muerte. Casi deseó rezar también, entonar la plegaria suficiente para que alguien la amase como era. Para que alguien la viera y la aceptase. Sin deber ser perfecta. Sin encarnar otras virtudes. Sin mostrarse ejemplar.

La tímida sonrisa que esbozaron sus labios la hacía más vulnerable. Más mujer y más carne, real, con esos miedos reales. ¿Samantha la veía? ¿De verdad? ¿La había podido oír?

Eva se derramaba en cada nota, deseando amar y ser amada. Y aunque sentía ser necesaria, en su música el llanto de su chelo revelaba que su amor era unilateral, que nunca fue recíproco.

El rebaño no sabe amar a su pastor. Son sólo ovejas mansas, que te balan. Que piden y reciben, mientras crecen. Pero no dan las gracias. Pero no dan a cambio.

Eva estaba tan sola en ese cielo blanco y cristalino dónde nacen los ángeles... y mueren las personas.

Las palabras brotaron como una consecuencia, no de aquellas palabras en voz alta, de aquella confidencia. No. Eran el brote en bruto de todas esas dudas. De esas necesidades. La confesión de un ángel atrapado en sus alas, sin saberlo.

- Me sientes cerca... porque te necesito. Necesito sentirme cerca de alguien.

Y su aura de empatía parecía refulgir, en todas direcciones, mostrando los secretos de su alma, normalmente olvidada, reservada a una renuncia noble pero a menudo injusta y dolorosa.

- Alguna vez has sentido... ¿que no existes? ¿Que necesitas que alguien pueda verte? ¿Que sólo puedes existir si alguien ve lo que hay en tu cabeza? Si puede leer, saber, tus pensamientos... ¿Que hay alguien de tu especie? ¿Que no estás sola en este mundo?

Suspiró, aceptando el pesar, sin atreverse a guardar dentro esas verdades. Sintiéndose egoísta, sintiéndose culpable. Pero poniendo voz a esas necesidades.

- A veces es como... si no existiera. No realmente. No yo. Sólo lo que otros ven en mí. Lo que desean que sea.


Miró a los ojos de Samantha, al borde, al borde de sí misma, como si no pudiera vivir dentro de sus ojos, sintiendo sus pupilas muy pequeñas, muy negras, opresivas.

Buscándose. Sin saberse perdida.
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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Mar Jul 23, 2013 5:03 pm

Apenas sentía el suelo por el que pisaba llevada por la emoción del momento, por la situación en la que se encontraba, por todo aquello que el contacto de su mano me transmitía.

No sabía porque, pero parecía como si fuera capaz de sentir todo lo que Eva tenía en el corazón en ese momento. Podía ver sus ojos brillar mirando al frente como si hubiera anhelado aquello desde hacía siglos y como, al parecer se sentía presa de su propio destino, atada a un yugo que ella no había elegido, que la coartaba más allá de los límites de su fuerza de voluntad.

"¿Estoy tirando mi vida?" pensé para mi misma mientras acariciaba su mano con el pulgar, suavemente, como un gracias silencioso que solo podía sentir ella, a la única que se lo quería transmitir, acompañado de una sonrisa triste y una mirada perdida, pues también sabía de lo efímero del tiempo, de lo rápido que todo aquello pasaría y más allá, un día tras otro, su rutina haría que solo los recuerdos puedan paliar la pesadez que el mundo deja caer sobre tus hombros.

- Me sientes cerca... porque te necesito. Necesito sentirme cerca de alguien.

Levanté la mirada, avellana pasada por agua, brillante y triste. Sentía su vacío pero también sentía como lo llenaba. "¿Cómo puedes sentirte sola? Se que habría gente que daría lo que fuera por compartir tu suerte, lo se" No era capaz de saber porque me sentía tan identificada con ella, como podía llegar a ser un cúmulo de sentimiento solo conociéndola de ese rato pero realmente lo sentía así... No podía contestar a esa frase, no sin romperse por dentro "¿Cómo se puede apartar la soledad? Quizás solo el calor de un abrazo pueda llegar a hacerlo" Pero no podía arriesgarme a semejante atrevimiento, hubiera tenido que dejar atrás toda la timidez, toda la vergüenza, aunque sinceramente no quedaba rastro de ella en ese momento, solo admiración.

- Alguna vez has sentido... ¿que no existes? ¿Que necesitas que alguien pueda verte? ¿Que sólo puedes existir si alguien ve lo que hay en tu cabeza? Si puede leer, saber, tus pensamientos... ¿Que hay alguien de tu especie? ¿Que no estás sola en este mundo?

"¿Era aquello lo que estaba pasando?¿La veía porque conseguía saber como se sentía?¿Cómo conseguían compartir esos sentimientos?" Las preguntas seguían arremolinándose en mi cabeza aunque realmente no tenía que pensar, tenía que hablar, Eva necesitaba respuestas.

- Creo que la vida pasa demasiado deprisa, que el camino se puede hacer muy corto y que caminamos solo por el mismo - Bajé la mirada, pensando en como su vida había ido pasando poco a poco y día tras día lo que se encontraba era lo mismo una y otra vez - Siempre necesitas que alguien te vea, a veces es totalmente estúpido y sin sentido, es raro anhelar que alguien te empuje en un autobús para que tenga que pedirte perdón, para poder existir en ese breve espacio de tiempo, ese segundo de gloria - Sabía que mis palabras no estaban tomando el rumbo correcto así que cambié el tercio en ese momento y busqué sus ojos que miraban al frente aunque solo encontré el pelo que se movía al compás de su movimiento - A veces, anhelas que aquello que parece inalcanzable, se vuelva real. Cosas que vislumbras tan lejos, que sabes que haciendo esfuerzos por atraer hacia ti serán vanos y vacíos... Yo sentí eso en el teatro, mientras tus notas hacían sentir a todos yo pensaba que solo eran para mi... En ese momento yo me sentí existir, al igual que ahora el contacto de tu mano hace que sea real, que todo lo que ha pasado por mi cabeza esta noche tenga algo de sentido.

Eva se giró y sus ojos hicieron que todo el rubor perdido, toda la timidez que había conseguido evitar al sentir que solo su cabello la juzgaba, retomó su posición haciendo que sus mejillas volvieran a colorearse, pero no aparté la mirada, no la alejé pues no sabía cuanto más duraría.

- Eres muy real Eva y creo que si ellos ven lo que quieren de ti es porque tú solo les muestras esa parte, aquella que ellos necesitan ver -"¿Estará haciendo lo mismo conmigo"- Olvida todo y a todos y muéstrate tal y como eres, como quieres ser. Hazlo esta noche, déjate llevar, se tú misma. Corre, salta, baila si es lo que necesitas, nadie te juzgará será nuestro secreto - "Se agua Eva, se libre..."
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Eva Black
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Miér Jul 24, 2013 5:47 am

La escuchaba, sintiéndola tan dentro, tan cercana, como a un amigo imaginario. Pero ella era real, y quería verla. Ya no era un espejismo. Seguía ahí, mirándola a los ojos, a su pelo, sin que la música la guiara.

Permanecía junto a ella, por propia voluntad. Y sin pedirle nada. Sin necesitar nada. Abriéndose. El semblante de Eva, normalmente sereno y pensativo, era ahora un lienzo de emociones.

Sus labios, entreabiertos, con sonrisas muy débiles. Sus ojos, conteniéndola, como una reja y como un salvavidas. Realidades que atan y definen, mientras por dentro todo es caos. Todo es voluble.

Se sentía... etérea. Hecha de plastilina. Dúctil. Como si el control férreo que era casi su sello se hubiera desgarrado. Aún lo sentía, latente, pero roto. Como un nudo que cede, lánguido, sin presión.

¿Era la vida corta? ¿Por qué pesaba tanto? Para Eva no era corta, era lento y estático. Sostenido. Su vida era un bemol, inmaculado, mantenido en el tiempo y el espacio.

Pero no resonaba. No con frecuencia propia. No con propio sonido. Sólo era un eco, la orden amable y dulce de ese ente compasivo que velaba por todos. Pero no amaba a Eva. No sólo a Eva. No por ser Eva.

Y éso, esa pasión con nombre propio, esa necesidad exacta, ese lazo perfecto, "con ella", "de ella", "para ella", era lo que su pecho iba exigiendo, latido por latido.

Porque al amar a todos, porque al amar a Dios, Eva se había perdido en el nosotros. Había perdido el "yo". Y ahora, bendecida y alada, se sentía sola, muerta, indiferente.

Sólo la música parecía acariciarla.

Escuchó aquella voz como si fuera el hilo de consciencia que te mantiene cuerdo. La línea de tu vida que capturan las máquinas, cuando cierras los ojos, cuando te sientes ido.

Sus respuestas sangraron, desde dentro. Como una duda, como una herida, sin llegar a entender.

- ¿Parezco inalcanzable?

Su voz murió, enterrada, no quería oírse. Quería oírla a ella. Escuchar a Samantha. Escuchar sus consejos y su timbre, seguir sintiendo el tacto de sus dedos. Beber su admiración. Crecer... Crecerse.

Era real. Lo era. No por nacer, por existir, por respirar. Lo era, porque ella lo decía. Por su voz, en voz alta. Por dirigirse a Eva. Por no alejar su mano o su mirada.

Samantha escribió:
Olvida todo y a todos y muéstrate tal y como eres, como quieres ser. Hazlo esta noche, déjate llevar, se tú misma. Corre, salta, baila si es lo que necesitas, nadie te juzgará, será nuestro secreto"

Y sin saberlo, el joven ángel aún sin alas, sembró en Eva la chispa de un incendio. La daba su permiso, juraba acompañarla. La permitía un secreto. Algo realmente suyo. Sólo suyo. Que ambas compartirían.

La devolvía su yo... y sus deseos. La liberaba, tanto, que poco a poco cambiaría. Porque dentro, Eva lo quería todo. Ya lo era todo. Lo tenía todo. Pero aún no lo sabía.

Cerró los ojos apretando sus dedos, muy despacio, mostrando sus anhelos. Rostros de esa ansiedad, profunda, que anidaba en su alma. Impulsos, enterrados.

- ¿Tal cómo soy?

¿Quién era...? ¿Qué quería?

Su primera respuesta fue... negarlo. Decirle amablemente que estaba equivocada, pedir disculpas, aferrarse a ese yo amamantado a base de renuncias. Decir que estaba llena. Que se sentía completa, que lo olvidara todo. Tal vez incluso sonreír, con la hermosa careta que usaba cada día.

Pero no pudo.

Ya no. No hoy, o no con ella.

Sintió su propia sangre latir entre sus dedos, su propia vida, su propio nerviosismo. Y gritó, dentro, desatada, como un chelo que brama al ser poseído, sintiendo cada yema en cada cuerda. Sintiéndose desnuda. Renacida.

El intenso suspiro entre sus labios, avanzando, profundo, podía oírse. Como el aire que escapa en un abrazo, en un jadeo, ante el más fervoroso de los miedos.

Y después, en silencio, bañada en el secreto compartido, en ese anonimato, en la osadía, sonrió. Sonrió tan fuerte, tan viva, tan sedienta, impaciente, que se rompió los labios.

Y con la sangre en su sonrisa y los ojos abiertos, más oscuros y ávidos, de un azabache emocionado, enloquecido, se sintió como un fénix. Y pronunció su nombre.

Porque ella, Eva, lo quería todo.

Y se atrevió a mostrárselo a Samantha. No con su voz, con la cascada de emociones de su alma, que no dejaba de desear, de reclamar... y de pedir. Porque ante todo, entre todas las súplicas, entre sus exigencias, una de sus demandas era para ella.

Sus pensamientos cobraron vida, autónomos, anidando en la mente de la joven.

Samantha, acéptame. Ámame como soy. Abre los ojos. Mírame. Mírame desde dentro.
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Samantha Rober
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Jue Jul 25, 2013 5:35 pm

El mundo es un lugar injusto y lo que para una persona puede ser la liberación, la culminación de un sueño, las cúspide de una montaña. Para otras solo es una presa más, una cárcel en la que estar atrapado y no poder más que aferrarte a los barrotes, golpeando con la taza en la verja para que alguien, quizás la última persona que esperas se fije en ti durante un momento.

Podía sentir la presión del corazón de Eva y quise abrazarla, decirla que todo iba a ir bien, que la soledad solo es un duelo que la vida te coloca para poder, después darte la felicidad. Una felicidad que no se toca, que solo se siente y que hacía que los pesares pasados solo fueran hojas que el viento arrastró en su caída hacia la hierba imperecedera que somos nosotros.

"¿Inalcanzable?¿Realmente lo eres?" Me repito la pregunta para mi misma, después de que la expresión de interrogación cupiera todo su rostro, sorprendida, consternada en cierto modo. Pero no había Sammy racional ya ahí, solo una pequeña chica que había tomado el corazón en la mano y lo mostraba con una facilidad que no había sentido hasta ese momento.

- Te sientas, con tu chelo, más alto que la gente que te mira, que te idolatra, que solo puede sentirte a través de la música que tocas para ellos o quizás es para ti - Apreté la mano instintivamente buscando el lazo del contacto, haciéndolo más real - Creo que tocas para no sentirte sola y que somos unos sádicos disfrutando del sonido que nos transmites cuando quizás solo estés pidiendo a gritos un poco de amor y compañía.

Jamás pensé que llegaría a decir esas cosas, que podría expresar tan abiertamente lo que ella me transmitía. También, me sentí completamente defraudada conmigo misma por no haber sido capaz de vislumbrarlo mientras sentada en el escenario lloraba para nosotros.

Sentí como me devolvía la presión de mis dedos a la vez que la frase fluía y la sonrisa se encarnaba, nacía entre sus labios. Una sonrisa sincera, pura como el agua cristalina que fluye a través de los rios. "¿Esto es lo que necesitabas?¿Ahora eres feliz?" No pude sino sonreír a la par que ella, ser participe de como, la soledad solo se cura con palabras.

Dí un par de pasos más rápido, intentando no seguir su estela, caminar a su par, a su lado, con las manos entrelazadas, sonriendo y sintiendo la brisa en nuestro pelo. Deseaba que aquella noche no acabara, caminar hasta un prado alto, tumbarnos a contemplar el cielo de la Vegas, quizás algún avión que viaja de noche, fantasear con que habrá más allá de lo oscuro del firmamento. Si, quizás solo soy una niña que juega a ser mayor, pero a veces esa niñez es lo único que nos queda para darle el punto dulce a la vida.

Vi como la sonrisa había sido tan fuerte que sus labios se habían abierto, haciéndola sangrar ligeramente. Busqué con rapidez un pañuelo que siempre llevaba en el bolso y, aunque después pensándolo podía haber sido tomado por otra cosa, lo mojé en mi saliva antes de, con cuidado, intentar limpiar los suyos, dejarlos de nuevo inmaculados.

Pero la voz se hizo presente en mi cabeza y mi reacción fue sorpresiva, pero para nada temerosa. Escuchaba su voz hasta dentro de mi "¿Tan hondo has calado en mi?" No podía mirarla desde dentro como me pedía, no sabía hacerlo, no aún. Dejé reposar mi cabeza sobre su hombro, mi pelo se esparció alrededor de él cayendo por su espalda y hacia su pecho. Cerré los ojos mientras seguía caminando y pensé, quizás ella también pudiera oírla pensar o puede que solo se estuviera volviendo loca.

"Me quedaré a tu lado, ya no estás sola, te acepto"

"¿Qué estás haciendo?" me preguntó mi propia cabeza, contrariada por la situación, incapaz de comprender. Yo solo podía contestarla con una palabra "SENTIR"
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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   Sáb Jul 27, 2013 7:39 am

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MensajeTema: Re: Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]   

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Porque la música es vida [Privado Eva ~Flashback~]

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